miércoles, 12 de noviembre de 2014

Tiempo extra (capitulo 16)



Tengo muy adelantada una investigación sobre genética del cáncer. Basándome en los datos de una investigadora japonesa de la Universidad Imperial de Kioto, Yuzuki Yamaguchi, intento encontrar el gen que causa que una célula se convierta en cancerígena. Pero como veo que es un callejón sin salida, decido dar la vuelta al asunto e intento crear una célula madre neutra, libre de oncogenes, que sirva de barrera a las células cancerígenas. Para ello utilizo cuatro genes, los factores Yamaguchi, que implanto en células de la piel dando lugar a una súper célula madre que no interactúa con la célula cancerígena y que la destruye.
El trabajo se publica en Nature a comienzo del 2008 firmado por las dos. A pesar de no habernos visto nunca, nos hemos hecho grandes amigas gracias a Internet. El éxito de esta investigación abre el camino a una nueva generación de fármacos en los que ya estamos trabajando y que serán definitivos en la lucha contra el cáncer. Ese mismo año somos nominadas por primera vez al Premio Nobel de medicina pero no hubo suerte. Mis amigas las multinacionales están como locas, no van a pillar nada de este pastel cuya patente esta a nuestro nombre y al de la clínica, como siempre.
Quiero ir a Japón para conocer a Yuzuki y a su equipo. Ella se ha convertido en una heroína nacional con la nominación y se la dispensan los más altos honores por parte del emperador y del estado.
—Pues cuando te lo den de verdad, no sé que te van a  hacer, —la decía por Skype.
—Eso no pasara por tu culpa, —me decía bromeando— además, nunca se lo darán a una china y a una enana, por eso hay que aprovechar el momento.
—Y más si llegan con fondos.
—Por supuesto, eso es lo principal.


A mediados de ese año llegamos a Tokio con un recibimiento descomunal. Conocedora de que el emperador y el primer ministro estarían presentes, había encargado un kimono que me puse antes de llegar con la ayuda de las azafatas y un par de señoras muy amables del pasaje. Y así, con mi kimono azul oscuro, bordado a mano, aparecí por la puerta del avión en la zona VIP del aeropuerto. Después de saludar protocolariamente al emperador y al primer ministro, me fundí en un largo abrazo con Yuzuki que igualmente vestía un kimono azul, aunque no tan espectacular cómo el mío, por supuesto. Terminados los actos protocolarios, y después de una cena de gala en el Palacio Imperial, nos trasladamos a Kioto al día siguiente.


Que contraste tan enorme entre la vorágine de Tokio y la relativa paz de la capital imperial. Kioto es mucho más tranquila, amable y tradicional. Aquí casi no se dan los contrastes extremistas de Tokio. La Universidad Imperial es una institución antigua pero con una estructura moderna, y su departamento de investigación es de lo mejor que hay, y no solo en Japón. Desde el principio, nuestros equipos se entendieron a la perfección, entre nosotros no existe la arrogancia, la desconfianza y la competitividad norteamericana.
Igual que José Luis no tiene problemas de integración en África, a mí me pasa lo mismo con Japón, parece que nací para ser japonesa. Me encanta pasear por las estrechas calles de Gion cogida de su brazo y doblando la bisagra cada dos por tres para hacer el saludo ritual. Ir a cenar a restaurantes tradicionales del barrio de Ponto-cho.
En el futuro volveremos periódicamente a este país, he firmado un acuerdo de cooperación por el que, igual que en Columbia, impartiré clases on line desde Villaverde. Además, cómo siempre, José Luis ha aprovechado el viaje y ha establecido una oficina en Tokio para impulsar negocios en el país.


A la primera nominación al Novel le siguieron varios premios internacionales. Los más importantes, el premio Carlomagno de investigación científica y el Príncipe de Asturias. 
Al finalizar el año, las distintas fases en las pruebas clínicas estaban finalizadas y el primer compuesto, el AG-52, un aerosol subcutáneo que neutralizaba y eliminaba la enfermedad en la piel, se comenzó a producir en la factoría de Villaverde. Las multinacionales comenzaron una campaña de desprestigio contra mí y mi compuesto. Ellas controlaban el 60% de la investigación mundial en este terreno e iban a perder un pastel enorme. Pero fue en vano, se demostró que era totalmente efectivo en el 95% de los hasta ese momento considerados cánceres, porque el resto, nosotros pudimos determinar que no lo eran.
Al año siguiente fuimos nuevamente nominadas para el Novel y el clamor mundial posibilitó que no tuvieran excusa para concedérnoslo. Ocurrió el 22 de abril de 2009, en el fondo un año negro para mi. A pesar de ser esperada, la noticia fue un verdadero bombazo informativo que acaparó las portadas, no solo de España y Japón, sino en todo en mundo.
Yo ya era muy conocida por mi militancia política a favor del tercer mundo y mis peleas continuas con las multinacionales, pero esto me convirtió en una líder mundial. Las principales revistas internacionales me sacaron en portada y fui invitada a los programas de televisión más famosos. Incluso en España, Interviú, me ofreció una pasta por aparecer desnuda en sus páginas. Reconozco que me atrajo la idea, pero lo rechacé, porque cuándo se lo comente a mi familia, a mi madre casi la da algo.
Mi mensaje comenzó a llegar con nitidez a todos los rincones del planeta y me llené de verdadero orgullo cuándo, en un reportaje de Informe Semanal, apareció una cabaña de una tribu amazónica con un póster con mi foto. Otra consecuencia del Novel fue que mis enemigos aumentaron exponencialmente y las amenazas hacia mi persona también. Los insultos y amenazas en Twister, Facebook, y en otras redes sociales, fomentadas por el PPP de manera encubierta, se multiplicaron hasta tal punto que las medidas de seguridad aumentaron a mi alrededor, independientemente de que, como siempre, José Luis me lleva a la clínica y me trae a casa. Nunca estoy sola fuera de la clínica, los escoltas me acompañan a todas partes. Al principio esta situación me agobiaba bastante, pero me termine acostumbrando, no tuve más remedio y José Luis se mostró inflexible con el tema.


A la ceremonia de entrega del galardón, Yuzuki llevó un traje de gala tradicional japonés y yo un vestido oscuro, bastante sobrio y recatado para lo que en mí es habitual. En los discursos, nuevamente volví a abogar por el tercer mundo, por los pobres, los desprotegidos y con buenas palabras cargué despiadadamente contra las multinacionales. Y eso no gustó nada a mis «amigos», los tontos del PPP, que me atacaron con más saña por anteponer los intereses humanitarios a los de la patria, su particular patria de corrupción y «autoritarismo democrático». Esa patria a la que roban, evaden impuestos y sacan sus fortunas hacia paraísos fiscales, cómo si para ellos España ya no lo fuera. El distanciamiento con esos indeseables fue aumentando sin limite, y eso, en este país dominado por la intransigencia política, es muy peligroso.


Periódicamente necesito regresar a la India, impregnarme de ella, de su pobreza. No quiero perder el contacto con mi maestro y los que allí me quieren, que son muchos. Cuando llegas, el impacto es terrible incluso antes de salir del aeropuerto. Para el que no está acostumbrado, el olor de este país con tecnología nuclear es impactante. Aquí se huele la pobreza, la indigencia, y la incomprensión. Me recuerda con inusitada crudeza lo injusta que es la vida, y me anima a la batalla, a luchar por todos los desheredados del mundo, «mi Juana de Arco», como me llama José Luis.
Pero hoy es un día triste, no estamos en Bengala, Vicente Ferrer ha muerto y estamos en Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh. Es mucho y muy bueno lo que Vicente ha hecho aquí, siempre fiel a sus principios y a su forma de hacer las cosas. Después de combatir en la guerra civil con el ejército de la República, de pasar por campos de concentración en Francia y España, y de hacer la mili después de hacer la guerra, entró en la Compañía de Jesús, pero unos años después, tuvo que abandonarla porque no aceptó las indicaciones de sus superiores de anteponer las cuestiones pastorales a las de ayuda a los necesitados. Tiempo después, se casó con una británica, Anne Perry y juntos fundaron una ONG: la RDT (Fondo de Desarrollo Rural), que trajo la vida a miles de hindúes descastados. Hoy, envuelta en mi sari, veo las interminables colas de gente agradecida, que con lágrimas en los ojos vienen a darle el último adiós a un hombre bueno y generoso. Comencé a colaborar con él, al poco tiempo de hacerlo con Sadhvi Modi, que me habló de un español que estaba haciendo un trabajo fantástico en un estado cercano. Cercano para lo que son las distancias en este inmenso país. Siempre que voy a Calcuta, pasamos primero por Andhra Pradesh, donde Vicente tiene tres hospitales generales y varios especializados y colaboro en lo que hace falta.
La muerte de mi amigo me ha dolido en el alma, pero este 2009, y a pesar del Novel, será un año negro para mí. Sadhvi Modi, mi maestro, mi amigo, morirá a finales de septiembre.
Un mes antes nos avisaron de que estaba en coma irreversible a causa de un ictus hemorrágico y se le iba a trasladar a su casa de atención de moribundos en Benarés. Rápidamente, José Luis organizó el viaje y dos días después llagamos a la ciudad de los muertos a orillas del Ganges. Yo quería alojarme con él y con su familia en la casa de los muertos, pero sus hijas y José Luis no me lo permitieron, fueron inflexibles. Aun así, llegábamos temprano y regresábamos al hotel de noche, solo para dormir. Acompañaba a los brahmanes en sus meditaciones y en ocasiones tenía la sensación de que lograba conectar con su karma, le oía dentro de mí como si estuviera a mi lado.
Nuestra salida de España fue muy sigilosa, pero los amarillos averiguaron nuestro paradero y un par de paparazis aparecieron por Benarés. Se deben vender bien las fotos de la doctora rota por en dolor. Yo no los llegué a ver, José Luis, también se ocupó de ellos. Tiempo después, ya en España, me entere que la noticia fue que varios «periodistas» purificaron sus cuerpos, cámaras incluidas, en las sagradas aguas del Ganges. Cuando al fin la muerte le visitó, él lo preparó todo. Su cuerpo fue amortajado con las mejores telas y se preparó una carga de leña y sándalo más que suficiente para que la pira ardiera durante muchas horas y de él no quedara nada. Como en el caso de Vicente Ferrer en Anantapur, miles y miles de personas agradecidas acompañaron su cadáver por las intrincadas callejuelas de Benarés repletas de tiendas y almacenes de madera y sándalo. Detrás de él, la comitiva seguía la frenética marcha de la comitiva. Sus dos hijas y yo, agarradas de los brazos, les esperamos en la zona de cremación: yo, atravesada por el dolor por la perdida de mi maestro y amigo, pero ellas, alegres y contentas: su padre, no solo ha muerto en Benarés, también va a ser incinerado a orillas de río sagrado, en el ghat de Manikarnika y por lo tanto, su espíritu dejara de reencarnarse para descansar definitivamente. Durante ocho horas ardió su pira, cuando todo acabó sus cenizas fueron arrojadas a las aguas acogedoras del río. Todo seguirá igual en Calcuta, su trabajo de tantos años no se perderá. Sus hijas, que estudiaron medicina y aprendieron las técnicas tradicionales como yo de él, continuaran su trabajo, y tendrán todo mi apoyo y el de mi organización. Seguiré viajando periódicamente a Calcuta para colaborar con las que considero mis hermanas.


Cuando regresamos a casa me siento mal, no me hago a la idea de que Sadhvi ya no está. No tengo ganas de trabajar, no tengo ganas de nada, durante varios días me quedo en casa holgazaneando y pensando, sobre todo pensando. Se me descompone el cuerpo cuando pierdo a personas que quiero. En mi ingenuidad, fantaseo como cuando era niña, con crear una medicina capaz de arrancar a la gente de las frías y negras garras de la muerte. Como siempre, él permanece a mí lado. Me apoya, me comprende y no hace falta que diga nada, sé que siempre estará ahí, y que puedo contar con él.


En diciembre visitamos Tenerife, José Luis y su hermano iban a inaugurar un hotel en el Puerto de la Cruz y yo les acompañe. Llegamos unos días antes para hacer un poco de turismo por la isla, visitar sus pueblos, sus playas, y subir al Teide. José Luis y yo lo hicimos hasta el mismo cráter, teníamos permiso de cima, mientras Rafael, al que no le gustan las alturas y mucho menos los teleféricos, nos esperaba en el Parador Nacional, cómodamente sentado en un sillón, mientras trasteaba con el ordenador.
Una tarde visitamos el Loro Parque, invitados por el director del centro. Cuándo entramos a las pasarelas del estanque exterior de las orcas, noté algo raro que me descontrolo y casi me hizo perder el equilibrio. José Luis, alarmado, me sujeto y me retiró del estanque hasta una bancada que había próxima.
—¿Qué te ocurre, te encuentras mal? —me preguntó mientras los operarios del parque y el director me miraban también alarmados.
—No, no, pero no se… ha sido cómo cuándo estuvimos en chile, ¿te acuerdas?
—¿Con lo de los delfines?
—Sí, pero más fuerte.
—¡No jodas!
—¿Qué es lo que ocurre? —preguntó el biólogo jefe.
—Hace unos años, Ángela tuvo una experiencia… perturbadora con unos delfines en la zona del Canal del Beagle.
—No fue perturbadora, —protesté— pero extraña.
—¿Qué pasó?
—Durante varios periodos, a bordo del barco de un amigo, noté… como que podía comunicarme con ellos.
—¡No joda!
—Eso ya lo he dicho yo, —bromeó José Luis.
—Lo siento, pero es que no se me ocurre otra expresión. Las orcas, igual que los delfines, están considerados cómo los animales más inteligentes. De hecho, tienen una capacidad cerebral muy desarrollada, pero salvo con símbolos de ordenes, no se ha conseguido comunicar con ellos.
—Lo sé, lo sé, después de aquello investigué sobre el tema. Pero esta vez es distinto, más poderoso y me ha pillado desprevenida.
—¿A qué se refiere?
—A que quiero intentarlo, pero necesito concentrarme y calentar la mente. Ahora, la tengo mucho más entrenada que entonces.
Se retiraron de mi lado y entré en trance psicológico cómo me enseño el maestro Modi, accediendo poco a poco a lo que algunos llaman iluminación espiritual. Cuándo estuve preparada, me acerqué al borde del estanque, me quite las converses, y sentándome en el borde, metí los pies en el agua. Inmediatamente una de las orcas de aproximó a mí tocándome las piernas con el morro. Mientras la acariciaba con las manos, note un caudal fascinante de sensaciones, de estados de ánimo, y de emociones. Durante todo el tiempo que duro la experiencia, no hubo una comunicación directa cómo la conocemos nosotros, pero supe en todo momento cómo se sentía.
Cuándo me retire del estanque, les explique a todos lo que había pasado, y aunque los biólogos presentes se mostraron muy interesados, noté que no estaban convencidos y me trataban con cierta condescendencia.
—Esta embarazada, —le revelé.
—No, no esta embarazada.
—Sí, sí lo está.
—¿Cómo lo sabe? Si lo estuviera, lo hubiéramos detectado.
—Lo sé, porque me lo ha dicho ella, —respondí con cara de niña traviesa. Un año y cuatro meses después, Kohana, la orca con la que me comuniqué de esa manera tan especial, parió una cría hembra, que se llama Ángela en mi honor.

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