domingo, 29 de mayo de 2016

Matilda, guerrero del espacio (capitulo 9)



—¿Has encontrado algo interesante en la información que me dio el canciller del Consorcio? —preguntó Matilda a Moxi. Había convocado una reunión de los oficiales mayores de la Tharsis, a la que asistían los capitanes de los otros tres cruceros federales: el Atami, el Hagi, y el Kure.
—Ya lo creo. Hay mucha información, y muy útil, la verdad: he encontrado cosas fascinantes, —contestó Moxi—. Primero, Cayely no es un sistema, es un gran grupo de sistemas que forman una especie de nébula, en el sentido de que hay una gran presencia de gases: principalmente hidrogeno. Lo fascinante es, que está estrechamente unida a otra especie de nébula de las mismas características, la Pétara, y lo está sin ningún tipo de fricción o reacción entre ellas. Incluso, algunos de los planetas de los sistemas más próximos entre si, se mezclan limpiamente y no interfieren las órbitas para nada. Con las leyes de la física en la mano, eso es imposible. En condiciones normales, la fricción de dos masas nebulares produce una gran cantidad de energía y por lo tanto la creación de nuevas estrellas: te aseguro que toda esa zona debería ser un verdadero infierno y no lo es.
—Vale, genial, ¿y eso en que nos afecta? —preguntó Ushlas.
—En que los sistemas no van a funcionar, y no me refiero solo a los escáneres, —y mirando a Neerlhix añadió—. Todos los sistemas de control de tiro de las baterías ofensivas, guiado de misiles, defensas de perímetro, ayudas a la navegación de las naves, sistemas de orientación y de cartografía. Resumiendo: cualquier sistema de apoyo electrónico externo a la navegación y a las armas. 
—¡Joder! Tendremos que hacer navegación manual, —comentó el capitán del Kure.
—Hace cientos de años que no navegamos así, —añadió Matilda pensativa—. Vas a tener que trabajar duro Daq.
—Pues eso no es lo peor: hace una hora entregué a Camaxtli toda la información de que dispongo, —prosiguió Moxi—. Los escudos primarios se verán gravemente afectados. 
—¡No jodas!
—Efectivamente, según mis cálculos, en el mejor de los casos el rendimiento de los escudos bajara en torno al 30%. Aun así, nuestra situación no será excesivamente mala. Como ya sabéis, el escudo primario se alimenta del reactor principal, mientras que el secundario está alimentado por los sistemas místicos, que no se van a ver afectados por la tremenda maraña de distorsiones que se producen en esta parte del Sector Oscuro. Para que os hagáis una idea, con los escudos a ese nivel, un impacto nuclear no nos destruiría, pero nos afectaría gravemente.
—¡Mierda!, estamos de cojones, —exclamó el capitán del Atami.
—Puedo aumentar el rendimiento de los escudos, inyectando energía mística a través de los haces electromagnéticos que los alimentan, —prosiguió Camaxtli—. No me gusta la idea, pero es una opción viable. Eso si, el núcleo místico se resentiría apreciablemente. Además, esta el problema de que el armamento que utilizan por aquí es de fisión nuclear: son menos potentes, pero cómo no me cansaré de repetir, se dan de hostias con los sistemas místicos.
—Pero en el Oscuro hay más presencia de energía mística.
—Así es, pero es natural, no enriquecida cómo la que nosotros usamos. No solo no repondremos la cantidad que vamos a gastar en reforzar los escudos, además es una incógnita lo que pueda…
—Vale, no sigas. Entonces es mejor descartar esa opción, —afirmó tajante el capitán del Hagi y todos asintieron—. Solo nos faltaba tener también problemas con los núcleos místicos.
—Opino igual. Bien. Estamos todos de acuerdo entonces. Mandaremos lanzaderas por delante para que sean nuestros ojos y evitar sorpresas, —dijo Matilda, Y mirando a Moxi, añadió—: ¿qué sabemos de sus habitantes?
—Que son encantadores, —respondió con sorna—. Los de Cayely son radicales religiosos. Se comen a sus familiares muertos y cuando cogen prisioneros, los asesinan en unos complicados rituales, luego violan sus cadáveres, y no importa su sexo, y finalmente, se los comen. Y no necesariamente en ese orden. Se dedican a la piratería, y como nadie se aventura por la nébula, hacen incursiones fuera de ella. Sus naves son bastantes rudimentarias y su armamento se basa en misiles nucleares. No son rivales para nosotros. En condiciones normales, claro.
—¡Menudos angelitos!
—En estas condiciones, recomiendo no entrar en combate, —insistió Camaxtli—. No me cansaré de repetirlo, la tecnología mística y las armas de fisión, no se llevan bien, y menos con el escudo primario a bajo rendimiento.
—Que sí, pesada, que lo hemos captado.
—¿Y de Pétara? —preguntó Ushlas.
—El consorcio tiene poca información sobre ellos. Es una civilización extraña, una mezcla de sociedad tecnológica y prehistórica. Una cosa muy rara, pero todo son rumores y conjeturas: viven totalmente aislados.
—¿Podemos rodear?
—No, ya no, imposible.
—¿Qué opinas Matilda? —preguntó uno de los capitanes.
—Pues que voy a opinar, que esto es una puta mierda. Gracias al sacrificio de Camaxtli, estamos saliendo de la zona del Consorcio sin problemas, y ahora tenemos que atravesar dos nébulas extrañas muy hostiles. No podemos utilizar nuestras armas porque serian inútiles, no podemos entrar en combate directo, no podemos utilizar las ayudas electrónicas: empiezo a estar hasta los cojones del puto Sector Oscuro.
—Todo eso está muy claro mi señora, pero ¿qué hacemos?
—Pues poco podemos hacer. Vamos a reforzar todas las lanzaderas y todos los transbordadores con cañones de partículas de disparo manual. Princesa Súm, coordina a todos los escuadrones de infantería para que estén preparados para entrar en combate en todo momento. 
—En previsión de cosas como esta, hice embarcar 500 fusiles que disparan proyectiles sólidos con propulsión química, —intervino la Princesa—. Los repartiremos entre los escuadrones para que todos dispongan de ellos por si los de partículas fallan.
—Excelente ¿Alguna sugerencia más? —nadie sugirió nada más, y entonces Matilda añadió—. Tenemos que hacer lo posible para no perder mucho tiempo atravesando las nébulas. Rahoi, rodeando, tiene el camino libre. No podemos permitir que llegue a Hirios 5 antes que nosotros.
Todos estuvieron de acuerdo y la reunión se dio por concluida. Todo el mundo volvió a sus ocupaciones, y los capitanes regresaron a sus naves.
—La Princesa ha sido un buen fichaje, —la susurró Ushlas abrazándola, cuando las dos se quedaron solas en la sala de reuniones. 
—Si, me descarga de trabajo con la infantería. La realidad es que ella se ocupa de todo, —respondió encogiendo los hombros—. Además, por el momento no te puedo contar mucho, pero en el futuro va a ser una figura importante.
—¿Tú crees?
—Estoy segura.
—Mati, te noto muy tensa, —dijo Ushlas cambiando de tema.
—Estoy hasta las pelotas…
—No tienes pelotas, —la cortó Ushlas riendo—. Gracias a Dios.
—¿No te gustaría que tuviera dos pelotillas? —bromeó también Matilda.
—¡No, joder! —exclamó Ushlas—. Dos pelotas, gordas y peludas colgando. ¡Qué asco! 
—No sea boba, anda, —exclamó Matilda riendo.
—¿Te apetecen sexo y desenfreno?
—Eso siempre, mi amor.
—¿Le digo a A2 que nos haga compañía? —y ante la cara guasona de Matilda, añadió—. Tiene polla, pero no tiene pelotas.


A2, llegó al camarote de Matilda y entró directamente sin llamar: es el único que está autorizado. Oyó el ruido de la ducha y entró al baño: se estaban duchando juntas.
—Ya estoy aquí, chicas, —dijo mientras miraba con interés como Ushlas la frotaba la espalda con una esponja, mientras Matilda la frotaba el extremo de la cola. 
—¿No quieres ducharte con nosotras? —preguntó Ushlas.
—No requiero la ducha entre mis operaciones de mantenimiento. Cuando requiero una limpieza, se encarga Camaxtli, —respondió A2.
—Cobarde, no te vas a oxidar.
—Pues ponte cómodo mientras terminamos, —dijo Matilda.
—No entiendo el concepto: “ponte cómodo”. Podría aseverar que siempre lo estoy.
—A2, cariño, modo pausa.
—Si Matilda.
Se puso en pausa, mientras las dos amantes terminaban de jugar en la ducha. Envueltas en toallas salieron del baño y se dirigieron a la cama. Antes de subirse a ella, se estuvieron secando mutuamente mientras besos fugaces se escapaban de sus labios. Se tumbaron y abrazadas siguieron besándose mientras la cola de Ushlas acariciaba suavemente el cuerpo de Matilda.
—¡A2, reiniciar! —el androide se activó y se dirigió a la cama, mientras las dos mujeres seguían acariciándose cada vez más excitadas.
—¿Algún comando especial? —preguntó A2.
—¡Que te calles!
—¡Y que hagas lo que quieras!
—A la orden, —respondió. Se subió a la cama y se tumbó detrás de Ushlas, penetrándola con mucha suavidad.
—Siempre empiezas por mí, —comentó Ushlas con la voz entrecortada.
—Me gusta tu color azul, pequeña, —respondió A2 con un patético intento de humor.
—¿Pequeña? —exclamaron las dos amigas y se echaron a reír.
—¿Qué pasa? —preguntó A2—. Esta expresión la he extraído de un manual de frases humanas para androides.
Siguieron riendo ante la perplejidad cibernética de A2, que no entendía nada.
—A2. Cállate y sigue, —ordenó Ushlas.
—Y cuando terminemos, tira el manual, —añadió Matilda.
Siguió penetrando a Ushlas hasta que llegó al orgasmo abrazada a Matilda. A continuación, le llegó el turno a ella. Después de un par de horas de juegos y caricias, las dos, abrazadas, se quedaron dormidas. A2, sigilosamente, salio de la cama, las arropó con cariño y salio del camarote apagando la luz. 


—¡Oficiales mayores al puente! —atronó el comunicador general de la Tharsis. Hacia dos días que navegaban por Cayely a paso de tortuga. Dos lanzaderas con armamento ligero, abrían el paso a larga distancia y cuatro transbordadores, fuertemente armados, protegían los flancos de cada nave.
—¿Qué tenemos? —preguntó Matilda al entrar en el puente seguida por Ushlas.
—Hemos perdido contacto con una de las lanzaderas de vanguardia, —respondió Neerlhix—. Los sistemas de audio han registrado actividad de armas.
—Que uno de los transbordadores de nuestro flanco avance hasta su posición, —ordenó Matilda—. Informa a la flota. Que salgan los de alerta y ocupen sus posiciones. Infantería, prevenida.
—Transbordadores de alerta lanzados. 
—Infantería preparada y grupos especiales embarcados en lanzaderas capitán, —informó Súm entrando en el puente.
—Los sensores no recogen nada, capitán, —Moxi accionaba infructuosamente los controles de su consola—. En esta zona las interferencias son mucho mayores.
—Han elegido bien el sitio.
—Eso parece, —Matilda, sentada en su sillón, esperaba impaciente noticias del transbordador. 
—T3 a Tharsis, T3 a Tharsis.
—Adelante T3.
—Estamos en posición. La lanzadera no está. Hemos encontrado restos pequeños del casco, parece que han sufrido algún impacto con un arma nuclear de baja intensidad. Hay restos de elementos de fisión, pero no son muy intensos.
—Comience el rastreo de la zona teniente, —ordenó Matilda—. Le enviamos ayuda para la búsqueda. Y teniente, por las noticias que tenemos, los habitantes de esta zona son más que peligrosos. Las vidas de nuestros compañeros corren serio peligro.
—Entendido mi señora, corto y cierro.
—Princesa, manda un equipo especial allí: quiero poder actuar nada más que los encontremos. Yo voy también con el grupo de…
—¡Tú no puedes ir allí! —la interrumpió su hermano—. Es muy peligroso…
—¡No me digas lo que puedo y lo que no…! —comenzó a decir levantándose del sillón.
—Yo también estoy en contra capitán, —la interrumpió Ushlas. Sus palabras causaron sensación en todos porque ella, nunca se oponía en público a Matilda de manera tan tajante y decidida.
—Y yo, —intervino también Súm—. Puedo ocuparme de esto con nuestro grupo.
—Capitán, con el debido respeto, las ordenanzas prohíben claramente lo que quieres hacer, —añadió Moxi—. Lo que también es cierto es que las ordenanzas te las pasas por dónde todos sabemos.
Un silencio espeso envolvía el puente. Matilda con el cuerpo crispado por la tensión miraba a Ushlas, que la mantenía la mirada, y todos la miraban a ella. Unos segundos después, su cuerpo se relajó, bajo la mirada, y le hizo una señal con la mano a la Princesa para que se fuera. Después se sentó en su sillón en silencio.


Los minutos pasaron lentos, y se convirtieron en horas. Matilda, visiblemente intranquila, paseaba por la parte alta del puente con las manos a la espalda.
—Infantería uno a Tharsis, —dijo la figura de la Princesa en la pantalla principal—. Hemos podido rastrear una débil señal iónica de la lanzadera hasta un planetoide en 693561. Hemos descubierto una estructura que comunica con un sistema de cuevas. Estamos instalando escáneres geológicos para cartografiarlas. Cuando sepamos dónde están, comenzaré el asalto si no ordena lo contrario.
—Buen trabajo Princesa, —respondió Matilda—. Adelante. La operación es tuya. 
—Entendido. Mandamos el enlace para que monitoricen la operación.
El sistema de túneles tenía dos entradas. En la pantalla principal, y en las auxiliares del puente, se veían la imágenes de las cámaras personales de varios de los soldados. Todos en el puente vieron a la Princesa, con su arma por delante, avanzar con cautela por los corredores sin encontrar a nadie. Parte de sus soldados la seguían con el mismo sigilo. Los otros, al mando de Ramírez, habían entrado por el otro acceso. De improviso se paró levantando el brazo. Hizo un gesto con la mano y dos exploradores se adelantaron hasta la siguiente intersección. La pasaron y se perdieron de vista. Al instante, uno de ellos apareció e hizo una señal para que continuaran avanzando. Pasaron junto a los cadáveres de dos guardias vestidos de manera un tanto extraña y llegaron a la entrada de una gran sala. Sin ser vistos, exploraron visualmente la estancia. Era muy grande, abarrotada de todo tipo de enseres, pero dejando libre toda la parte central, y en ella habría entre 60 y 70 milicianos, o lo que fueran. Todos parecían varones y se les veía muy excitados. En el centro, desnudos y atados a postes, estaban tres de los cuatro tripulantes de la lanzadera. La Princesa colocó tiradores en la parte alta, y mandó a los exploradores a buscar al cuarto tripulante. A los pocos segundos uno regresó, habló a la Princesa al oído y le señalo un punto de la sala. Miró con sus prismáticos y mirando a la cámara negó con la cabeza.
—«Princesa, uno de ellos se aproxima con un sable de la mano», —informó por las comunicaciones uno de los tiradores.
—No le pierdas de vista y mátalo si los nuestros corren peligro.
La Princesa se cercioró de que todos estaban en posición y ordenó el ataque. Todo fue muy rápido, y en pocos segundos solo quedaban catorce supervivientes. El del sable, que debía de ser algún tipo de chaman, fue el primero en caer. 
Mientras tanto, la flota había llegado a las inmediaciones del planetoide. Los tres tripulantes supervivientes fueron evacuados rápidamente, junto con la lanzadera atacada y el cadáver del tripulante, mientras la gente de Súm interrogaban a los piratas apresados.
—Súm a Tharsis.
—Adelante Princesa, —contestó Matilda— ¿qué has averiguado?
—Poco, mi señora. Estos tíos están como idos, no tienen bien la cabeza o están drogados hasta las cejas. Esto es un destacamento de incursiones fuera del territorio. El núcleo central de población lo tienen en 693779, pero esta información no es fiable, la hemos obtenido con bastante presión, ya me entiende.
—Entendido.
—Esas coordenadas quedan apartadas de nuestra ruta, —informó Moxi.
—Estamos enlazando sus bancos de memoria para que podáis acceder a ellos desde el puente, —y después de una breve pausa, añadió—. Hay un problema. No han podido emitir ninguna señal de alerta, pero si los dejamos aquí, lo pueden hacer: aunque destruyamos sus comunicaciones, estás galerías están repletas de tecnología de todo tipo.
—Entiendo. ¿Qué propones?
—Destruir toda la instalación… con ellos dentro, —respondió la Princesa sin titubear, y añadió—. O llevarlos a bordo de la flota. Recomiendo lo primero.
Matilda miró a Ushlas, que afirmo con la cabeza, al igual que su hermano Neerlhix.
—De acuerdo Princesa, —respondió después de sopesar la decisión unos segundos—. Coloca un dispositivo termonuclear y déjalos dentro.
—Con mucho gusto, mi señora.
—Venga Princesa, no seas así.
—Con el debido respeto, estos cabrones se han comido a una compañera. Y por lo que me han contado los tres supervivientes, aun estaba viva.
—Vale, de acuerdo, —concedió Matilda—. Tienes razón. Acabemos con esto.
La gente de la Princesa instaló el dispositivo y regresaron a flota, después de haber dejado encadenados a los piratas.
—Recobramos curso, —ordenó Matilda—. Adelante, un cuarto de potencia. Neerlhix, coloca un transbordador entre las lanzaderas de vanguardia para que las pueda asistir en caso necesario.
—Todo preparado mi señora, —dijo Súm entrando en el puente todavía con la indumentaria de combate.
—¿Cuándo se activara el dispositivo?
—Cuando mi señora lo ordene, —respondió la Princesa mostrándola un pulsador.
—Adelante, —y Súm, sin dudar lo más mínimo, lo accionó.

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