domingo, 25 de septiembre de 2016

Matilda, guerrero del espacio (capitulo 23)



Matilda estaba reunida en la sala de estrategia del Tharsis II, con representantes del Consejo Federal y del Estado Mayor. Hacía una semana que se lo habían entregado, y aunque intentaba controlarse, la verdad es que está entusiasmada. Toda la antigua tripulación estaba en la nueva, ocupando casi todos puestos de responsabilidad. Camaxtli traspasó el antiguo computador con muchas mejoras y por lo tanto su avatar está operativo. Además de las armas más poderosas de la galaxia, también dispone de dos escuadrones de cazabombarderos polivalentes, mejorados por los ingenieros de Camaxtli, que pueden llevar a cabo misiones de ataque a suelo, o nave a nave, más un escuadrón de lanzaderas y transbordadores. También transporta un regimiento de infantería con un escuadrón de transporte aéreo propio. Es, junto a su gemelo, la unidad de combate más poderosa que jamás haya surcado la galaxia. Solo dos cosas no le gustan de la nueva nave. La primera, que no conoce a toda la tripulación como antes, es imposible conocer a los 3.600 que componen toda la dotación con infantería. Y la segunda, que a Ushlas la ve muy poco: entre sus funciones de primer oficial esta la de organizar el trabajo cotidiano, y siempre está muy liada. Matilda tiene que buscar una solución, porque no puede estar sin ella.
—Es desesperante no saber nada. Todas las comunicaciones en el sector de Mandoria están colapsadas. El imperio ha instalado distorsionadores, y hasta que no los encontremos vamos a estar jodidos, —decía Matilda—. He mandado una patrullera a Mandoria, a ver si nos enteramos de algo de una puta vez.
—También es desesperante que la flota imperial no presente batalla y se dedique a recorrer el 23 arrasando sistemas, —dijo el general Hassard.
—Estamos cazando fantasmas, y lo peor es que no los cazamos.
—Y mientras tanto arrasan los mundos cercanos a Konark, —apuntó un consejero.
—Konark no corre peligro con la flota federal aquí, y cuatro ejércitos completos, casi millón y medio de soldados, al mando del general Burk.
—Así es, pero mientras protegemos Konark y Raissa, desprotegemos el resto del sector.
—Esta situación es una puta locura.
—La clave esta en Mandoria. Si cae… —apuntó la almirante Rizé.
—No va a caer, —la interrumpió Matilda.
Mientras discutían, la oficial de inteligencia, la teniente Nicci, entró en la sala y entregó una tableta a Matilda.
—¿Esto está confirmado —preguntó Matilda con cara de extrañeza.
—Lo he confirmado con tres puntos de observación, —respondió Nicci.
—Sigue en ello y mantenme informada, —ordenó. Después se dirigió a los demás y les dijo—: la flota imperial se retira del sector. Según los observadores lo hacen apresuradamente y en dirección a los sectores centrales.
—No tiene lógica, —apuntó Rizé—. Nos tienen atados aquí.
—Puede ser una trampa para que nos confiemos y sacarnos de las inmediaciones de Konark.
—O puede que algo haya pasado en Mandoria, —dijo Matilda pensativa.
—Para un repliegue así, tan apresurado, tiene que haber sido algo muy gordo y desde luego negativo para ellos, pero no me fío: es mejor tener precaución.


Siguieron debatiendo casi una hora más, mientras seguían llegando datos que confirmaban el repliegue imperial. Finalmente, Nicci entró apresuradamente en la sala.
—Desde Mandoria, han eliminado los emisores imperiales que bloqueaban la comunicaciones, —dijo dirigiéndose a la pantalla del fondo y activándola—. Tenemos señal.
En la pantalla apareció la sonriente figura de la Princesa Súm. Solo se la veía de medio cuerpo, pero denotaba la extremada dureza de la batalla que acababa de librar. Su rostro presentaba algunos moratones, heridas superficiales y una más importante en el mentón suturada con cuatro puntos.
—¡Joder tía!, estás hecha un asco, —dijo Matilda sonriendo.
—La verdad es que he estado mejor, pero no tan feliz cómo ahora, —respondió.
—La flota imperial se retira apresuradamente del sector 23, —dijo Matilda—. ¿Sabes algo?
—No me extraña, sus planes se han ido a la mierda, —contestó la Princesa—. Matilda: la princesa Zorralla ha muerto.
—¿Estás segura? —preguntó Matilda incorporándose—. Esa hija de puta tiene más vidas que una gata terrestre.
—Bueno, si, pero no creo que sea capaz de unir su cabeza de nuevo al tronco, —respondió Súm—. Además, se la he mandado a su papa, junto con las de sus dos putos mariscales de la Guardia Imperial y la Guardia Negra. 
—¿Le has mandado al emperador la cabeza de su nena? —dijo Matilda riendo—. Eres perversa.
—No solo eso, aquí ha perdido un tercio de su Guardia Imperial. No les he dado cuartel. 100.000 guardias muertos, mas toda la Guardia Negra de la princesa.
—Fantástico, —exclamó Rizé—. Por eso la flota se retira.
—La jugada era atraer a la flota y al ejército a Mandoria. Después con nuestras fuerzas desplazadas hasta aquí, la princesa huiría. Lo que no esperaba es que llegara y desplegara mi ejercito en treinta horas, y que vosotros fuerais directamente a Konark. Perdieron la iniciativa
—¿Cuándo tienes previsto venir por aquí?
—Por el momento no, esa hija de puta ha destruido infraestructuras, campos de cultivo, y un montón de cosas más. Ha arrasado el planeta, tengo que estar aquí, con mi pueblo.
—No te preocupes, os ayudaremos en todo lo que sea necesario. Hablaremos con el canciller Uhsak, —dijo un consejero.
—Gracias consejero, —dijo Súm demostrando su agradecimiento con una inclinación de cabeza, para luego añadir—. Este es el intento más peligroso que ha llevado a cabo el emperador. Nos ha salvado que pudimos tomar una decisión correcta en el momento oportuno.
—No Princesa, no te quites meritos, —exclamó Matilda—. Yo quería ir a Mandoria, y tu no me dejaste. Esta victoria es toda tuya.
—No sigas Matilda, que me vas a sacar los colores, —sonrió la Princesa.
—Mándame a Didym, cuando se haya recuperado, —dijo Matilda finalmente—. Tiene que hacerse cargo de tu nueva nave, el Atlantis II.

La flota federal regresó a Taury Prime, para concluir las operaciones interrumpidas por el ataque imperial. El Tharsis formaba parte de la flota de apoyo, y su regimiento de infantería, a las ordenes de la recién ascendida coronel Johari, participaba en las operaciones en tierra. Sus dos escuadrones de cazabombarderos, operaban también en apoyo a las operaciones terrestres. Matilda, libre por primera vez en mucho tiempo de responsabilidades, se dedicaba a conocer su descomunal nave. Diariamente recorría los 1.600 metros de longitud por 480 metros de ancho y sus 32 cubiertas. Se metía en todas partes: lo curioseaba todos.
—Esta es una nave que solo puedes dirigir tú, —dijo Ushlas, una mañana mientras desayunaban—. Esta nave va a cambiar el concepto actual de guerra naval. Es un 30% más rápida que los cruceros pesados y en armamento es tres veces superior.
—Pues, si voy a seguir sin verte el pelo, no la quiero, —dijo frunciendo el ceño.
—Lo siento mi amor, pero no tengo tiempo para nada. Cuando me voy a la cama estoy agotada. Por cierto, ¿has visto el informe que he dejado encima de tu mesa?
—¡Eh…!, ¿informe?
—¡Joder! Mati, tienes que nombrar un comandante de operaciones que organice los puentes de vuelo, un jefe de seguridad que organice una unidad policial…
—Y un tercer comandante que te descargue de trabajo.
—El tercer comandante es tu hermano, —respondió empezando a perder la paciencia—. Y bastante tiene con la estación táctica.
—Por favor, no te enfades conmigo. Te prometo que me pondré con ello ahora mismo, —dijo cogiéndola la mano y besándosela.
—Matilda, pareces una cría grande, —y sonriendo, añadió—. Por cierto, tenemos dieciséis familias con diecinueve niños a bordo, y cuarenta y dos peticiones de reagrupación familiar, lo que supondrá tener civiles abordo. Vete pensando que vamos a hacer.
—¿Montar una guardería? —bromeo Matilda.
—Si, pero no es necesario traer un payaso, ya te tenemos a ti.
Matilda se puso manos a la obra, y cuando la campaña en Taury Prime finalizó todo estaba casi organizado en la Tharsis, y por fin Ushlas tuvo tiempo libre.
—¿Te vas a venir conmigo al camarote o te llevo arrastras cogida de la cola?
—Hummm…, que violenta.
Entraron en la cabina y Matilda la fue desnudando. No la dejó hacer nada, todo lo hizo ella y Ushlas se dejó hacer. Cuando la tuvo desnuda, la cogió en brazos y la llevo a un sillón y se sentó con ella sobre su regazo.

Con la caída de los sistemas de Taury, al emperador solo le quedaba el Sector 1, con el planeta capital Axos, los seis sectores circundantes, y otros ochos sectores aislados en los confines de la galaxia. Era el momento de tomar un respiro, organizar lo conquistado y dar descanso a las tropas, que lo necesitaban. Además, la princesa Súm, por el momento, no podía salir de Mandoria. El ataque de Zorralla, había devastado el 50% de las tierras de cultivo, el 40% de las explotaciones ganaderas. Aunque la industria había sufrido también muchos daños, para la Princesa, no era tan importante. Todos los sistemas que formaban parte del Principado Republicano de Mandoria, también habían sufrido daños importantes. Si no se ponía remedio, habría desabastecimiento en productos de primera necesidad, y eso, no lo iba a permitir. En el Consejo Federal, algunos consejeros criticaron la actitud de la Princesa, al asesinar a los mariscales de la Guardia Imperial. Algunos incluso, pusieron en duda que fuera la persona idónea para representar a Mandoria. El canciller Uhsak, maniobró rápidamente y, aunque no era necesario, convocó un referéndum entre su pueblo para legitimar la figura de la Princesa. El resultado fue aplastante, y en la siguiente reunión del Consejo, Matilda, muy irritada, se ocupó de poner los puntos sobre las íes.
—Parece que las últimas victorias se les han subido a la cabeza a algunos consejeros, —comenzó Matilda atacando, sin cortarse un pelo—. Curiosamente, representantes de los mundos que menos han aportado a la guerra. Parecen olvidar, que la Princesa Súm, como yo misma, pertenecemos al Consejo Federal, sin representar a nuestros mundos. Lo estamos porque así se decidió en los acuerdos de Konark. Todos los miembros del Consejo de los Cinco, tienen un puesto en los dos organismos federales: el Consejo, y el Estado Mayor. Ustedes los políticos… algunos políticos… aprovechan cualquier oportunidad para medrar, para manipular. Son ustedes despreciables, una basura inmunda, y la galaxia estaría mucho mejor sin ustedes.
—Matilda, que te disparas, —dijo sonriendo el rojizo representante de Maradonia—. Recuerda que todos no somos iguales, además, suscribo punto por punto todo lo que has dicho.
—Es indignante que pretendan ganarse el sueldo de está manera, —claramente estaba muy cabreada—. Doce mundos están llevando el peso de la guerra, y no solo con dinero, también con las vidas de sus soldados y en muchos casos de sus civiles.

Tres meses después de la liberación de los Taury, el Tharsis estaba estacionada en Raissa, mientras que el Atlantis II, llegó a Mandoria con 20.000 toneladas de productos de primera necesidad. La Princesa subió a bordo de su nueva nave insignia, por primera vez. En el hangar principal, la tripulación, el regimiento de infantería y los escuadrones aéreos, formaban marciales a su llegada. Didym la entregó el mando y las dos mujeres se fundieron en un afectuoso abrazo. Ramírez, también tuvo que asumir definitivamente, el mando de su regimiento con la categoría de coronel.
El Consejo Federal decidió, con el beneplácito del Estado Mayor, y teniendo en cuenta las especiales obligaciones de la Princesa, fijar la base del Atlantis en Mandoria. También decidieron, para descongestionar a Raissa, trasladar dos de sus astilleros orbitales al planeta de la Princesa.
El Estado Mayor reorganizó sus fuerzas en función de las características de los nuevos acorazados. La 1.ª Flota, estaría mandada por Matilda y estaría compuesta por la Tharsis, seis fragatas y diez corbetas. La 2.ª Flota, al mando de la Princesa, con el Atlantis y las mismas fragatas y corbetas. Las 3.ª y 4.ª flotas, estaban formadas por diez cruceros pesados, diez ligeros, veinte fragatas y veinticinco corbetas, cada una. Cuatro flotas capaces de enfrentarse en conjunto a la todavía poderosa Flota Imperial. También se decidió, que el 5.º Ejército Federal, se estacionara definitivamente en Mandoria, junto con sus cuarenta naves de transporte.
Con todos estos preparativos pasaron casi seis meses, y las fuerzas del Consejo Federal nunca fueron tan poderosas. Pero sin ser conscientes de ello, en emperador preparaba un contraataque en un lugar imprevisto, cuando todos suponían que ya no le quedaba capacidad de respuesta.

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