miércoles, 8 de marzo de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 5)



Hacia unas horas que Marisol, acompañada por dos de sus ayudantes, Loewen y Clinio, estaba en Faralia. Quería saber de primera mano cual era la situación real, porque en apariencia, el príncipe Mohs estaba colaborando, pero solo en apariencia. Se notaba algo raro en el ambiente y la aptitud del regente era sospechosa.
—En dos días recibirán los nuevos rifles, junto con 200 misiles portátiles, —comentaba Marisol al príncipe Mohs. A bordo de un transbordador se dirigían a la zona de Karahoz, junto con tres individuos armados que no pertenecían a la milicia y otro acompañante con uniforme de la milicia—. También llegaran un grupo de instructores de Nueva España para que el aprendizaje sea más fluido, sobre todo con los misiles.
—Mire general, no es momento de ponernos a discutir, —elpríncipe Mohs se puso de repente agresivo— pero las armas se tenían que haber traído primero aquí, que es donde pueden hacer falta, y no a Nueva España, donde…
—En primer lugar, si considera que he actuado favoreciendo a Nueva España, porque soy española, solo tiene que presentar una queja al presidente federal. Mi dimisión la tiene él, permanentemente, encima de la mesa, —el príncipe se percató de que su comentario no había sido bien acogido, y que Marisol le estaba respondiendo visiblemente irritada. Se dio cuenta de que la general Martín no era persona que se arredrara—. De todas maneras, creo que hay un malentendido. Nueva España no ha recibido todavía los rifles, pero está previsto que los reciban en está semana que estamos. Lo que si es cierto, es que un grupo de la milicia española, se trasladó a Mandoria para adiestrarse en el manejo de las nuevas armas. Como ya le he dicho, una parte llegara con las armas y los demás harán lo mismo en Nueva España.
—Creo que en estos momentos, usted príncipe regente, y la general Martín están soportando una presión enorme, —intermedio Clinio intentando calmar los ánimos—. Seria bueno para todos que los ánimos se calmaran. No es bueno tomar decisiones con la cabeza caliente, de ustedes dos es la responsabilidad, en estos momentos, de encauzar está crisis.
—Mi compañero tiene razón, es mejor que nos tranquilicemos, — dijo Loewen con su suave voz— no podemos perder el tiempo con estas cosas. La 1.ª División se ha formado sobre la base de la milicia de Nueva España, y podríamos haber trabajado con la milicia de Faralia, pero usted no nos lo ha permitido. En el equipo de la general Martín ya se han incorporado militares españoles, no es lógico que no tengamos faralianos en nuestro estado mayor.
—No creo que usted esté preparada, ni entienda lo que hay en juego… —comenzó a decir el príncipe Mohs.
—¿Y usted sí? —le interrumpió Marisol—. Si usted tiene ideas distintas, expóngamelas, soy todo oídos. ¿Pero sabe que? Creo que usted quería hacer las cosas a su aire y se ha metido en un callejón de dónde no sabe cómo salir. ¿Qué ha hecho hasta ahora?
—Perder 26 naves y 2.600 soldados, —dijo el oficial de la milicia que les acompañaba y al que no habían presentado. Mientras lo hacia, había mirado al príncipe con ojos asesinos.
—¡Nadie te ha autorizado a hablar! —bramó el príncipe.
—¡Yo le autorizo! —dijo Marisol incorporándose y soltando con disimulo la correa que sujetaba su pistola a la cartuchera. Clinio y Loewen si se percataron de ese movimiento—. Tengo transferida la autoridad del presidente Fiakro para este asunto. ¿Cómo te llamas?
—Soy el pretor Ghalt, comandante de la milicia.
— Muy bien pretor, ¿qué está pasando aquí? Y estos ¿quiénes son? —preguntó señalando a los tres desconocidos armados.
—Son mercenarios de la guardia personal del príncipe regente.
—¿Desde cuándo el príncipe regente de Faralia tiene guardia personal? —preguntó Clinio cambiándose de sitio para tener más controlada la situación.
—¡He dicho que cierres la boca o atente a las consecuencias!
—El príncipe regente no está en el momento más popular de su carrera y las elecciones están próximas, —comenzó a decir Ghalt ignorando la amenaza del príncipe—. Ha estado mandando gente al matadero para que los ciudadanos crean que está haciendo algo, pero se le ha ido la mano. Para mañana hay presentada una moción de censura en el senado, si la pierde, será destituido y se elegirá otro príncipe. Desde hace un par de semanas han estado llegando mercenarios para su guardia personal y no sé que está tramando, pero no me gusta. Por cierto, seria bueno que no siguiéramos por está ruta, el príncipe no quiere que regresen a la capital.
Los mercenarios se miraron y se levantaron con sus armas apuntando a Marisol. Clinio lanzó su cuchillo clavándolo en la sien de uno de los mercenarios y acto seguido agarró a otro, y haciéndole un barrido lo estrello con fuerza contra el suelo rompiéndole el cráneo. Al mismo tiempo, Loewen saco también su cuchillo y con un hábil movimiento degolló al que quedaba mientras Marisol encañonaba al príncipe Mohs con su pistola.
Clinio recogió su cuchillo y rápidamente se dirigió a la cabina del piloto. En principio, se resistió a obedecer sus indicaciones, pero cambio de opinión cuando le puso el cuchillo en el cuello. Lo sacó a tirones de la cabina y lo tumbó en el suelo donde Loewen lo ató.
—No quería colaborar, —comentó Clinio.
—¡Estáis muertos, estáis muertos! ¡Os voy a matar hijos de puta! —el regente estaba fuera de sí.
—Clinio, átale y amordázale, no quiero oírle más. Loewen, a los controles, mira a ver si puedes conectar con el presidente Fiakro.
—Ahora mismo general, —y se encaminó a la cabina de la nave.


Cuando se estableció la conexión, Marisol informó al presidente de lo que había ocurrido y de que tenía retenido al príncipe. El presidente se mostró muy preocupado.
—Sabía que el príncipe era un hijo de puta, pero no pensé que llegaría a este extremo. Voy a empezar a hacer gestiones, conozco gente en el senado de Faralia. Ten mucho cuidado, no sabemos que apoyo tiene en la milicia.
—El pretor Ghalt está de nuestra parte, gracias a el hemos neutralizado a los esbirros del regente.
—Voy a hablar con los del senado para ver que medidas tomamos.
Loewen se puso a los mandos de la nave y por indicación del pretor fueron por otra ruta hasta que comenzaron a percibir las anomalías.
—El límite del campo de distorsión aumenta medio año luz al día, —informo Ghalt—. Ahora tenemos atrapado un pequeño destacamento en un planetoide a dos años luz en su interior. Ese hijo de puta no quiso evacuarlos cuando todavía había tiempo.
—¿Entrarían todos en está nave?
—Si nos apretamos si, pero ya no podemos…
—Clinio, este puede ser un buen momento para probarlo, —Marisol le interrumpió haciéndole un gesto con la mano.
Clinio sacó de una maleta metálica, un cilindro que deposito en el suelo junto a uno de los mamparos de la nave. Lo conectó a este con unas placas metálicas flexibles y accionó los controles. El cilindro de ilumino como un árbol de Navidad.
—Preparado general.
—De acuerdo, establece el campo.
—¿Qué cojones es eso? —preguntó Ghalt aproximándose al cilindro.
— Es un emisor portátil de campo místico, —respondió Clinio—. Aunque el “principito” crea que no hemos hecho nada, lo cierto es que hemos estado ocupados, y mucho.
—¿Con esto podemos entrar en la zona de distorsiones?
—Dentro de un momento lo sabremos, —contestó Marisol.
Loewen llevó la nave hacia el interior de las anomalías y empezó a vibrar.
—Clinio, ¿puedes ajustar más el campo? —grito desde la cabina.
Estuvo accionando los controles hasta que las vibraciones disminuyeron considerablemente.
—Es lo máximo que te puedo dar, —dijo Clinio.
—Vamos a por tu gente, —Marisol le dio una palmadita en el hombro a Ghalt.
—¿Tienen más de estos?
—Es un prototipo portátil. Si funciona, y por el momento parece que si, se puede empezar a fabricar rápidamente. Estamos preparando otro prototipo más grande para poder entrar con cargueros comerciales.
—Eso es posible que nos venga bien dentro de poco, —apunto Ghalt.
—Según nuestros cálculos, el portal terminara de abrirse en 18 días. Al ritmo de expansión actual, en una semana habrá que evacuar Faralia, —dijo Marisol.
—A eso me refería, hace una semana la milicia presentó al regente un plan de evacuación que rechazó porque electoralmente no interesaba.
—Marisol, las distorsiones aumentan, —gritó Loewen desde la cabina—. El planetoide está a la vista. No tenemos escáneres de largo alcance, solo los de corto.
El pretor Ghalt, comunicó con el destacamento y les informo de que estaban llegando.
—Los escáneres de corto dicen que la integridad geológica del planetoide se deshace, —Loewen sudaba intentando controlar la nave.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
—¡Minutos! Solo minutos.
—Pretor, avise a su gente que llegamos muy justos, y que dejen todo el equipo.
El transbordador llegó a la posición del destacamento e hizo un aterrizaje de combate. El portón trasero se abrió y los milicianos entraron a toda velocidad al interior.
—¡General! Me dicen que cuatro milicianos están en un monte cercano instalando una antena.
—Vamos a por ellos, —dijo Marisol haciendo una seña a Loewen que despego sin esperar a que el portón se cerrara totalmente.
Los bandazos de la nave eran terribles, y en su interior los milicianos estaban como en una coctelera. Tenían a la vista el monte, cuando de repente se colapsó y desapareció en una vorágine de polvo y piedras. Marisol miró a Ghalt, dando un golpecito en el hombro de Loewen, está viró en redondo y salio a toda velocidad del moribundo planetoide.


Unas horas después, el transbordador aterrizó en la parte trasera del Senado, donde varios senadores y un grupo de la policía esperaban.
—General, soy la senadora Daalis, —Marisol vio a una mujer joven, no pasaba de los cuarenta, y buena presencia—. El presidente Fiakro nos ha puesto al corriente de los acontecimientos. Lamentamos profundamente que se halla visto involucrada en este desafortunado suceso.
—No se preocupe senadora, supongo que debe ir con el cargo, —dijo tendiéndola la mano después de saludarla militarmente—. ¿Qué van a hacer con el regente?
—El senado se ha reunido de urgencia y ha aprobado su destitución. También se ha formado una comisión de investigación, pero todo parece indicar que quería dar un golpe de estado con los mercenarios de su guardia personal, —mientras hablaba, la policía sacaba de la nave esposado al regente y al piloto—. El pretor Ghalt y la milicia, quedan provisionalmente bajo sus ordenes, hasta que se nombre un nuevo regente dentro de dos días. Luego no creo que halla problema, es vital que recuperemos el tiempo perdido.
—Senadora, no puede haber dilación en el nombramiento del nuevo regente, —la apremio Marisol—. Si la expansión del fenómeno sigue al ritmo actual, nos enfrentamos a una evacuación masiva de Faralia en los próximos días.
—¿Tan grave es la situación, pretor?
—Me temo que si senadora.
—Intentaremos adelantar la sesión de designación.


En la tranquilidad de su habitación, intentaba trabajar repasando informes en su tableta, Había cenado algo, se había duchado, y vestida solo con una camiseta intentaba concentrarse en lo que hacia, pero la resultaba difícil: habían intentado matarla y eso es algo que no la ocurría a menudo.
—Has tenido un día complicado, Marisol, —las cálidas palabras y la imagen del presidente Fiakro llegaron nítidas por la pantalla—. ¿Cómo te encuentras?
—La verdad es que he estado mejor, señor presidente. Por fortuna parece que la situación aquí se va a solucionar un poco.
—Por fortuna no Marisol. Gracias a tu trabajo.
—No siga por ahí que me va a sacar los colores, —dijo Marisol sonriendo.
—La prueba que hicisteis con el generador de campo místico, ha sido más que satisfactoria. Los ingenieros creen que en dos días podemos empezar a fabricar en las factorías de Numbar.
—Me interesa más el otro prototipo, señor presidente. Nos enfrentamos a una evacuación masiva y muy al límite. Le he enviado un informe.
—Lo sé, lo sé, y hacemos lo que podemos, pero no va a ser fácil trasladar a 200 millones y alojarlos convenientemente.
—¿Cómo van los campos en Pérgolas 3?
—Muy bien, según lo previsto. En la reunión de hoy hemos decidido construir campos de refugiados también en Pérgolas 4, y ya sabes que estamos requisando naves de pasaje por toda la galaxia.
—Todo eso lo tendrá que discutir con el nuevo regente. Dudo mucho que el anterior les informara de todos estos preparativos.
—Si todo sale como tengo previsto, la senadora Daalis, a la que ya conoces, será la nueva regente. He estado hablando está tarde con ella y la he puesto al corriente de todo.
—Cuando salgan de fábrica los primeros generadores, los necesito aquí. Voy a dejar a Clinio para que eché una mano. Loewen y yo salimos mañana hacia Mandoria.
—Entonces nos veremos allí, tengo cosas que hablar con el canciller.
La senadora Daalis, como estaba previsto, fue nombrada princesa regente de la República de Faralia. Prefirió no dejar las decisiones difíciles para última hora, y según los campos de refugiados en el sistema Pérgolas iban quedando disponibles, la evacuación avanzó.


A los pocos días de recibir las armas, llegó a Faralia un regimiento de la 1.ª división. La división faraliana, la número dos federal, se puso en marcha en menos de una semana con un esfuerzo ímprobo, pero con un evidente retraso con respecto a la española.
Las noticias de las fábricas en Numbar, eran buenas, y los generadores místicos comenzaron a estar disponibles en pocos días. Se instalaron rápidamente en transbordadores, y por primera vez desde que comenzó la crisis, un grupo de exploración pudo acercarse a Karahoz.
—Mi general, según me informa el grupo de reconocimiento, el portal ya se aprecia a simple vista, y emite cantidades ingentes de energía mística, —informó el pretor Ghalt por video enlace.
—Ya contábamos con ello, pretor, —contestó Marisol—. ¿Los generadores místicos han dado problemas?
—Ninguno mi general. Incluso han inspeccionado la zona del monasterio, —el pretor guardó silencio brevemente y continuo con cierta cautela—. Eso me lleva a comentarle algo que ha surgido y que puede ser un problema.
—No me dé tanta vaselina pretor ¿qué ocurre?
—Un grupo de soldados quiere plantar cara al enemigo en el monasterio…
—¡Ni hablar, pretor! —le cortó secamente—. No podemos perder soldados que pueden ser muy valiosos.
—Lo sé, lo sé, y estoy de acuerdo con usted, el problema es que esto está creciendo y… cada vez hay más voluntarios. Si lo miramos fríamente no es tan descabellado, aunque suponga sacrificar tropas.
—¡Pretor Ghalt! No vamos a sacrificar a nadie. Además, ustedes ya han sacrificado a 2.600 soldados gracias al anterior regente.
—Y estoy de acuerdo, pero una fuerza fortificada en el monasterio, y con los nuevos generadores de energía, entorpecería al enemigo fijándolo en Karahoz y nos daría algo de tiempo extra que sabe que necesitamos.
—Claro que lo necesitamos, pero no a ese precio.
—Seamos realistas general. Yo sé lo que pasa en mi unidad, y le aseguro que los soldados implicados están decididos en seguir adelante. Si no les ayudamos, solo en llegar allí perderemos a más de la mitad.
—Pretor, déjeme pensarlo. Mientras tanto intente controlar la situación.



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