miércoles, 19 de abril de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 17)




Después de la batalla del Cerro de la Muerte, la infantería bulban empezó a avanzar por la zona norte. Allí se encontraron con algo que nunca habían visto y para lo que no tenían defensa sin la cobertura de sus fragatas: la 101.º acorazada. Opx esperó a que las unidades enemigas estuvieran desplegadas e iniciaran el avance por la llanura. Cuando el enemigo estaba totalmente al descubierto, los carros de combate cargaron como una manada de búfalos a través de un campo de trigo. Sin artillería, o fuerza aérea que les protegiera, la ofensiva bulban se paró en seco, y se transformó en una carnicería espeluznante. Decenas de miles de soldados bulban murieron aplastados bajo las cadenas de los carros de combate mientras la artillería autopropulsada machacaba su retaguardia.
La batalla de la Llanura Sangrienta, como se la empezó a llamar, supuso un punto de inflexión en las operaciones enemigas. En menos de diez días habían perdido casi la mitad de sus fuerzas y se tomaron un respiro. Así las cosas, Marisol y Opx hablaron por videoenlace.
—Tengo que darte la enhorabuena Opx, —dijo la sonriente figura de Marisol desde la pantalla—. Cuando discutimos los planes para Faralia, en ningún supuesto contemplamos la posibilidad de que en diez días te cargaras a la mitad de sus fuerzas.
—Hemos tenido fortuna en el sentido de que lo que dijo la Princesa Súm en el mensaje era cierto, —argumento Opx— lo suyo no es la infantería, eso está claro. De todas maneras, en Karahoz empezaron igual y luego se adaptaron.
—Creemos que van a recibir refuerzos, —le informo Marisol—. Está mañana ha habido mucha actividad en el portal. Han entrado más naves, la mayor parte transportes.
—Era de esperar, con la forma de combatir que tienen no les quedan fuerzas suficientes para seguir operando aquí. Pienso que a partir de ahora la cosa se va a poner seria.
—Sí, pero para ellos también, —dijo Marisol—. Los chicos de J. J. los están cazando por todo el sector. Por cierto, te envío imágenes de un nuevo tipo de nave enemiga que hemos localizado y que no conocíamos.


Unos días después la actividad armada se reanudó en el frente. Se acabaron los ataques masivos y los bulban comenzaron a operar de una manera más eficiente con apoyo de artillería que hasta entonces no había aparecido. Todo parecía indicar que la dirección de las operaciones había cambiado de manos, y ahora, dos meses después, las vanguardias bulban están en el límite de los escudos y en dos puntos bajo él. Desde ellos, hace días que su artillería martillea la capital.
Al otro lado del planeta, en el hemisferio sur, la flota bulban llevó a cabo una operación suicida contra un sector de las defensas planetarias y lograron abrir una ventana segura por donde sus naves podían entrar al planeta. Instalaron varias bases desde donde se atacó por tierra las baterías de defensa automáticas agrandando su zona de control. En los siguientes días, el nivel de los recursos hídricos del planeta comenzó a descender drásticamente hasta llegar a ser más que alarmante en un planeta que carece de mares. Lagos y ríos comenzaron a secarse y Opx tuvo que ordenar racionar el agua y llenar depósitos ante el descenso vertiginoso del río que atravesaba la ciudad.
Opx puso en práctica una estrategia de defensa activa. En lugar de esperar en las fortificaciones el ataque bulban, llevaba a cabo ataques aislados contra las posiciones de vanguardia enemigas. Utilizaba un batallón de carros de combate como punta de ataque, apoyados por artillería y morteros autopropulsados y pulverizaba las defensas enemigas, para después, regresar a las posiciones de partida. Aun así, paulatinamente el enemigo fue empujando a las fuerzas federales hasta los mismos limites de la ciudad.
La defensa de la capital era complicada, en el sentido de que no tenía murallas salvo en la zona oriental que era la más abrupta. Doscientos años atrás, las milenarias murallas fueron demolidas para ayudar en el “boom” inmobiliario especulativo que durante varias décadas sufrió Faralia. Los zapadores militares de la antigua milicia española habían construido una red de defensas fortificadas donde apoyar las operaciones federales.


A los tres meses del comienzo de la campaña en Faralia, la situación comenzaba a estar muy complicada. Un barrio periférico, al sur de la ciudad estaba ocupado por el enemigo y se combatía con fiereza casa por casa. Los heridos se amontonaban en los hospitales donde comenzaban a escasear las medicinas y las reservas de víveres y municiones solo durarían un par de semanas más.
—Y así están las cosas, —dijo Opx a Marisol por video enlace. Había estado detallando la situación y ella ya tenía una idea clara—. Permíteme que te de mi opinión, no seria lógico arriesgar fuerzas y valiosas naves en intentar un rescate…
—General Opx, —le interrumpió Marisol con firmeza— no se meta en cuestiones que solo me corresponden a mí.
—¡Joder tía! Clinio y Loewen han hecho un gran trabajo poniendo en pie a las fuerzas armadas federales…
—¡Claro que sí! Pero lo hemos hecho para usarlo y no olvides que usar un ejército conlleva riesgos…
—Si, pero…
—Y tan importantes para mi son las fuerzas que están fuera como las que están dentro. Te dije que te sacaría de ahí, y no lo dudes de que lo haré.
—Pero…
—¡No hay más que hablar general! Te mando por conducto protegido los planes de evacuación. Estúdialos, es una orden.
—Si mi señora: a la orden.


El teniente alcanzó a Marión en el corredor que conducía a su camarote. Con suavidad la agarró del brazo y la introdujo en un cuarto auxiliar que se utilizaba de pequeño almacén.
—¿Por qué me rehúyes, mi amor?
—No te rehúyo, pero es que no podemos seguir así, —respondió Marión intentando zafarse de las manos del sargento.
—¿Seguir como?
—Pues así como estamos.
—¿Tiene que ver con que eres mayor que yo?
—Es que soy muy mayor, ¡joder! Que soy mayor que tu madre.
—¿Y que? ¿Qué pasa que seas mayor? ¿Es que acaso no te gusta lo que hacemos y la relación que tenemos?
—¡Pues claro que me gusta! Pero a mis años no puedo estar agarrada a una polla, aunque sea la tuya.
—¿Y por qué no si es lo que quieres? Además, no estás agarrada a una polla: tenemos una relación de personas normales.
—Ya… pero…
—¿Qué te dijo la priora de Konark? —preguntó abrazándola y depositando las manos en su trasero.
—Que hiciera lo que quisiera, que ya soy mayorcita, —respondió bajando la vista.
—Pues si, es cierto: eres mayorcita… estás muy buena, y lo principal, te quiero, —el teniente introdujo su cara en el cuello de Marión y aspiro su aroma corporal—. ¡Y que bien hueles!
Comenzó a besarla el cuello mientras la apretaba el trasero con las manos. La desabrocho el pantalón e introdujo la mano por delante alcanzando su vagina. Marión, buscando los labios de Hirell comenzó a gemir. La dio la vuelta, la bajo los pantalones y poniéndola contra la pared, se la sacó y la penetró. Estuvo follándola hasta que Marión cambió el tono de sus gemidos y entonces se dejó ir y se corrió también.
—¡Joder Tío! Aquí, en el escobero, como dos animales, —renegaba Marión mientras con un pañuelo de papel se limpiaba la vagina.
—¡Hala, hala! No exageres… y no te vayas a comer el coco ahora.
—¿Y si nos llegan a ver?
—Pero no nos han visto, —respondió abrazándola y besuqueándola—. Y otra cosa, estos días que has estado huida, te has abandonado… raspas. Y prepárate, está noche terminaremos de recuperar el tiempo perdido.


Al día siguiente, todos los altos mandos militares estaban en el Fénix, estacionada en la órbita de Nar, un sistema asociado a Faralia, que también había sido evacuado. Marisol es la única que faltaba en la reunión, cosa rara en alguien que es puntual hasta lo ridículo. Cuando por fin llego, lo hizo muy seria.
—Señores, disculpen el retraso, —comenzó a decir—. Está mañana, a primera hora, hemos llevado a cabo una operación conjunta contra una base enemiga en Yelizze 4. El ataque estaba formado por las fuerzas especiales del capital J. J. Gómez y un escuadrón de choque de Maradonia. La cosa ha ido mal, nos estaban esperando y hemos perdido más de 80 soldados, y es posible que hayan cogido prisioneros. Aunque los oficiales al mando, que poseen información sensible, se han salvado, he ordenar mover el Fénix a una zona más segura.
—¿Los chicos de J. J.? —preguntó Loewen.
—Han tenido bajas pero lo peor lo han llevado los maradonianos: se han sacrificado para proteger la evacuación.
—J. J. está haciendo un trabajo impresionante, —afirmó Clinio mientras todos asentían—. Ha puesto en jaque a la retaguardia enemiga.
—Bueno, vamos a ver, ¿habéis estudiado los planes de batalla diseñados por la almirante Loewen? —preguntó Marisol y casi todos asintieron—. ¿Algún comentario?
—Es una operación muy arriesgada y agresiva, —comentó Marión—. Tiene que funcionar todo como un reloj para que salga bien. Tenemos que estar muy concentrados en lo que hacemos.
—Eso está claro, hay que poner los cinco sentidos en lo que hacemos.
—General Oriyam, ¿su unidad está embarcada? —preguntó Marisol mirando a la protestona general faraliana.
—Embarcada pero todavía en tierra mi señora, —respondió Oriyam—. Solo a falta de que me comunique la fecha del ataque.
—Es usted la clave de la operación, —insistió seria Marisol—. ¿Está segura de poder llevar a cabo el cometido asignado?
—Lo estoy mi señora, lo estoy. Puede confiar en mí.
—Entonces de acuerdo, en 36 horas, comenzaremos la operación con el ataque a su flota.


Anahis se despertó y vio que su amor no estaba en la cama. Vio su silueta recortarse en el ventanal, se incorporó, se acercó a ella y la rodeo con brazos y cola.
—¿No puedes dormir, mi amor?
—No, —respondió Marisol cogiéndola la mano y besándola—. Tengo la cabeza que me va a estallar, no hago más que darle vueltas a las cosas.
—Todo está previsto y preparado…
—¡Joder! Hay miles de cosas que pueden salir mal, —la interrumpió agarrándola y llevándola hasta el sofá que presidía el ventanal.
—¿Y lo podemos solucionar?
—Pues no.
— Pues entonces, olvídate de eso y ocúpate de mí, —dijo riendo mientras la hacia cosquillas con la cola. A pesar de no estar para juegos, Marisol se dejó hacer y adopto una actitud sumisa. Poco a poco fue entrando en el juego y los gemidos, débiles al principio, comenzaron a aparecer. Anahis se empleó a fondo, y finalmente, consiguió que se corriera.


—¡Marión a tortolitos, Marión a tortolitos! —el sonido del comunicador del camarote las despertó y Marisol de un salto se puso de pie.
—¡Si, si! ¿Qué pasa? —logró responder Marisol.
—Nada, que creo que tienes que ganar una batalla, —bromeó Marión mientras la oía renegar de fondo.
—¡Ya vamos! ¡Ya vamos! —contestó Marisol y a continuación se oyó—. ¡Mierda, mierda y mierda!
Unos minutos después las dos mujeres entraron apresuradas en el centro de mando. Marisol con su uniforme de combate, pistola al cinto y la espada a la espalda.
—Señores, le ruego que me disculpen, — dijo Marisol poniendo una mano sobre el hombro de Marión.
—Os he llamado desde tu despacho, nadie me ha oído, —susurro Marión haciéndola inclinarse. Marisol se lo agradeció con una sonrisa.
—Todas las unidades preparadas y listas para abrir vórtices, —dijo Anahis.
—Comunique a la almirante Loewen de que la operación es suya. A su orden.
—La almirante Loewen ha dado luz verde, —confirmó Marión—. Se han abierto vórtices y la flota de combate ha partido.
—Preparada 2.ª oleada, —ordeno Marisol.
—Diez segundos para abrir vértices.
—Abrir vórtices sobre el tiempo.
—Vórtices abiertos, general.
—¡En marcha!
—La segunda oleada ha partido, general, —dijo Anahis desde su consola—. Tiempo de llegada, 26 minutos.
—Me voy a mi transbordador… —comenzó a decir Marisol.
—Le recuerdo, —la interrumpió Marión— de que hay ordenes claras del presidente…
—Te aseguro general Marión, que ni tú, ni el presidente, ni la madre que os parió, vais a impedir que baje con mis tropas, —la interrumpió mientras se dirigía al turbo ascensor—. Ya sabes lo que tienen que hacer. General, el mando el tuyo.


Los vórtices de la primera oleada se abrieron a escasos 50 Km del grueso de la flota enemiga que no esperaba el ataque. Tres fragatas, cinco corbetas y 34 patrulleras, surgieron de ellos y se lanzaron sobre las fragatas enemigas. Las pocas que lograron reaccionar, eran incapaces de fijar blanco en las naves federales que disparaban con sus baterías de fuego continuo mientras se movían a una velocidad endiablada. Cuando los vórtices de la segunda oleada se abrieron, la flota federal ya había logrado empujar a la flota bulban fuera de la zona segura de la órbita de Faralia. Desde su centro de mando, Marión vio la zona de batalla llena de explosiones y descargas, pero siguiendo los planes, inicio un vertiginoso descenso de combate. Una vez el Fénix en el suelo, las compuertas de abrieron y más de treinta transbordadores y lanzaderas partieron con tropas en su interior al mando directo de la general Martín. En la retaguardia bulban, aterrizaron los transportes de la 102.º división acorazada de la general Oriyam. Salieron de ellos, y agrupándose las unidades, avanzaron con profundidad por la retaguardia enemiga. Al mismo tiempo, tres divisiones de infantería desembarcaban en la zona occidental de la periferia y atacaba las desordenadas líneas invasoras. Los carros de combate de la 101.º división, salieron de la ciudad y atravesando las llanuras del norte se unieron a la batalla.
En el espacio, la capitán Aurre, al mando de la España, y sus cuatro patrulleras de escolta, era la que más había penetrado en la formación enemiga. En sus intentos por alcanzarla, las fragatas bulban se alcanzaban ellos mismos entre si con sus temibles cañones principales. Las otras dos fragatas, la Princesa Súm y la Tanatos, con tripulación maradoniana, con sus grupos de escolta hacían lo mismo. Cuando los bulban conseguían alcanzar a las naves federales con sus baterías secundarias, no conseguían nada a causa de los escudos que las protegían.
En la ciudad, la general Martín aterrizó con sus tropas en la retaguardia de las tropas que combatían en la brecha abierta en las defensas de la ciudad. Una vez en tierra y agrupadas, protegida con su escudo y con la pistola de la mano, avanzó al frente de las tropas mientras el general Opx atacaba de frente. Cuando lograron embolsar a los bulban, Marisol, sacando su espada mientras se protegía con el escudo, salio del parapeto y grito: ¡Escuadrones, avanzad! Y salio corriendo hacia ellos seguida por sus mil soldados, entablando un furioso cuerpo a cuerpo. Opx, cargo también con sus fuerzas, y en pocos minutos, Marisol y él se encontraron sobre un montón de cadáveres enemigos.
—¿Sabes que estás mal de la cabeza? —preguntó Opx riendo.
—Yo también te quiero, —respondió Marisol riendo también mientras se abrazaban—. ¿Está todo preparado?
—Tal y como ordenaste.
—Pues entonces no perdamos más tiempo. Cuando hayas sacado a todos, tú dirígete al Fénix.
—A la orden mi señora.


Para entonces, la tercera oleada ya había llegado y aterrizado en los llanos del norte. Como bestias voraces, los transportes abrieron sus enormes compuertas y comenzaron a engullir a los defensores de la ciudad, con heridos, artillería, carros de combate y las pocas municiones que quedaban. Cuando llenaban, las naves despegaban y cuando llegaban al espacio, abrían vórtice y partían. Una vez evacuadas las fuerzas de Opx, llego el turno a las fuerzas de Marisol. La general Oriyam embarco a su 102.º en los transportes y ella, en una lanzadera de dirigió también al Fénix. Las tres divisiones de infantería también embarcaron protegidos por las lanzaderas e interceptores que bombardeaban a los bulban sin descanso. La última en despegar fue el Fénix. Lo hizo con las compuertas abiertas para terminar de recoger a sus naves. Después cerró compuertas y continuo el ascenso mientras los escudos de energía recibían los inocuos impactos de la artillería bulban.


Llena de sangre enemiga, alguna propia y de suciedad, Marisol entró el centro de mando seguida por Opx y Oriyam.
—Marión, activa programa Delta Fénix, —ordenó. Marión tecleó en su consola con cara de extrañeza, ya que no conocía ese programa.
—Sistema de ataque estratégico activado general, —dijo Marión con cara de susto.
—Preparados tubos uno a ocho.
—Tubos uno a ocho preparados.
—Expansión total, detonación a 500 metros de altura.  Introduce estás coordenadas, —ordenó tras teclear en su consola.
—Coordenadas introducidas, —respondió Marión—. El sistema solicita código de seguridad para liberar sistema de disparo.
—Martín, general, comandante en jefe, España, Anahis, 121213.
—Código aceptado, disparador liberado, —dijo Marión con la voz un poco rota. Se daba cuenta de lo que iba a pasar. Marisol, a su lado, la acaricio el hombro e inclinándose sobre la consola, sin titubear apretó el botón de disparo. Ocho misiles Delta partieron de la Fénix y explosionaron sobre las fuerzas bulban. Desde la órbita, todos vieron elevarse los ocho hongos atómicos.
—Orden de retirada a la flota, —ordenó Marisol—. Martín a puente. Abra vórtice y llévenos a casa.



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