sábado, 27 de mayo de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 28)



Cuando Opx llegó a la Confederación Gerede Mutsu, su flota se dirigió directamente al tercer planeta del sistema Orhon Mutsu donde se estaba concentrando la diezmada flota de Loewen. La órbita estaba repleta de naves destrozadas, y grupos de ingenieros en trajes autónomos, trabajaban a destajo parcheando naves con los restos de otras que eran irrecuperables. Algunas lanzaderas remolcaban los escombros para retirarlos de la órbita e impulsarlos hacia la estrella del sistema. Con lo que vio, se hizo una idea clara de la situación antes de hablar con Loewen, pero quedaba lo peor, el estado del ejército que intentaba curar sus heridas en la superficie del planeta. Encontró a Loewen en el puente de mando de la nave insignia, la Santuario, metida bajo una consola haciendo conexiones en circuidos averiados. Se tumbó a su lado y se metió debajo. Loewen cuando le vio, dejó su trabajo, se abrazó a él y se echó a llorar.
—He perdido más de cien naves, —dijo entre sollozos.
—Tranquila, —la consoló con voz suavemente—. Era una batalla perdida, y lo sabes.
—Ha sido un desastre, y Clinio y Ghalt…, y 600.000 muertos… y los civiles…
—¡Mira nena! —la reprendió— tu no eres culpable. Sabíamos que tarde o temprano nos iban a dar por el culo…
—¡Si, pero…!
—Nada de peros, te necesito a mi lado, y quiero a mi fiera, no a un gatito de peluche.
—¡Joder Opx! No soy un gatito de peluche, —protestó Loewen con una leve sonrisa.
—Pues vamos a salir de aquí abajo antes de que empiecen a murmurar.
—Eso a mí me da igual…
—Pero a mí no, tengo una reputación que mantener, y con una mujer ¡Qué horror!
—¡Joder tío! —dijo saliendo de debajo de la consola, y viendo a Leinex le dijo después de darle dos besos—: ¿Tú te crees lo que me dice?
—Yo me lo creo todo, —dijo Leinex con una sonrisa.
—Bueno nena, quiero que mandes a todas las naves que no estén en condiciones de combatir a Ikoma Tome para que terminen de repararlas allí, —la dijo Opx cogiéndola por los brazos cariñosamente—. Voy a hacer lo mismo con todas las tropas de Torres evacuadas de Sigma Trumzely. Quiero presentar batalla aquí para fijar al enemigo y dar más tiempo a la evacuación de la población civil, pero será una estratagema, la batalla la plantearemos en otro lugar, donde nos convenga a nosotros. Quiero que plantees una defensa elástica, no quiero una gran escuadra en órbita sobre nosotros. Con los escudos y la artillería de defensa planetaria tenemos suficiente para lo que quiero hacer.
—¿Vas a sacrificar Gerede? —preguntó Loewen muy seria.
—En la situación actual es indefendible.
—Pero, ¿y tus tropas?
—Parte, ya van para Ikoma Tome, en cuanto al resto… son perdidas asumibles.
—¿Emplearas los Delta?
—Si, pero aquí no, tengo otra cosa en mente.



Los grupos de trabajo se reunieron en el Cuartel General en Mandoria, una vez analizada toda la información que se tenía. A la reunión asistieron también el presidente Fiakro y canciller de Mandoria, así con un gran número de comandantes del ejército y de la flota. Después de la exposición de los diversos grupos, Marión tomó la palabra para resumir toda la información.
—Por el lado de la infantería, han copiado nuestra estructura organizativa y operan como nosotros en escuadrones de entre 150 y 200 soldados. Sus soldados han adoptado el uso de escudos de duranium y por primera vez, utilizan armas personales como espadas o lanzas, y lo más preocupante, tienen acceso a la tecnología de escudos de energía de poco perímetro, y han adaptado su artillería de campaña para que actúe como artillería anti-blindaje con la que se defienden, de una manera más eficiente de nuestros carros de combate. En cuanto a la flota, han perfeccionado la estrategia que ya emplearon en Rudalas. Ahora sus naves operan mucho más juntas y presentan un bloque prácticamente impenetrable. Creemos que han adaptado equipos informáticos federales de apoyo a la navegación. A todo esto, hay que añadir la tremenda superioridad numérica del enemigo.
—Gracias Marión, —Marisol pensativa se dirigió a todos los asistentes—. A las tremendas bajas sufridas, hay que añadir algo que es igual de importante. En Trumzely Prime, hemos perdido a dos de los cuatro jefes militares con más experiencia que teníamos, junto a 96 generales de infantería, 82 comandantes navales y 5 jefes de flota. Todos, gente experimentada y muy valiosa, y no tengo que deciros lo que eso significa. El grupo de asesores tácticos ha diseñado nuevas estrategias para la infantería y la flota que ya están en manos de Loewen y Opx. Señores, señoras, hay que estar a las duras y a las maduras, y de igual manera que con las victorias todos dabais saltos mortales, ahora toca mover el culo y plantar cara a los desastres. ¿He hablado claro, alguna duda?
—Una cosa más,  —dijo Marión viendo que nadie abría la boca, y dirigiéndose a los asistentes, añadió—. Tenemos fundadas sospechas de que de alguna manera el enemigo intercepta nuestras comunicaciones. A partir de este momento, queda prohibida cualquier comunicación con los despliegues militares, y todas las comunicaciones u ordenes se centralizaran en este Cuartel General. Solo a título informativo, os diré, que hasta que los ingenieros desarrollen sistemas de encriptación para las comunicaciones, las ordenes o informes de máximo nivel se enviaran mediante mensajeros y lanzaderas, —y mirando a Marisol preguntó—: ¿Alguna cosa más mi señora?
—No, nada más. Pulqueria, general Oriyan, a mi despacho.
Las aludidas entraron al despacho, junto con Marión, el presidente y el canciller de Mandoria.
—Has sido un poco dura, Marisol, —dijo el canciller mientras se sentaba igual que los demás— en definitiva todos echamos las campanas al vuelo.
—Yo no.
—Así es, querido amigo, —intervino el presidente dando una palmada en la pierna al canciller— y los acontecimientos la acaban de dar la razón de la manera más terrible.
—Está es una reunión de máxima seguridad, —dijo Sarita cerrando la puerta— nada de lo que se hable aquí, puede salir de está habitación, —todos asintieron dando su conformidad.
—El general Opx va a llevar a cabo una operación de distracción en la Confederación Gerede Mutsu, —comenzó a hablar Marisol activando un mapa holográfico— pero la batalla principal se desarrollara en el sistema Ikoma Tome, que prácticamente está deshabitado y forma parte del Programa Federal de Colonización. Pero esto ocurrirá dentro de cuatro semanas, —y mirando a Pulqueria y Oriyan añadió—: y por razones obvias no necesitáis saber más. Cuando se inicien las operaciones en Ikoma Tome, nosotros, vamos a penetrar con profundidad en las líneas enemigas y atacaremos en la zona Beegis-Nar. Yo supervisaré las operaciones desde la Fénix, pero las operaciones de flota son tuyas, Pulqueria, y de Oriyan, las operaciones terrestres en Nar.
—¿Y Beegis? —preguntó Oriyan frunciendo levemente el ceño—. Beegis, está muy próximo…
—Si mi mosca cojonera no abre la boca le da algo, —la interrumpió Marisol intentando bromear mientras la ponía una mano en el hombro—. En Nar, el enemigo tiene desplegados dos millones de soldados y sospechamos que hay presencia de civiles federales retenidos en campos de concentración. Beegis en un centro de aprovisionamiento de primer orden, el principal en está zona, no hay presencia humana y lo vamos a arrasar con los Delta, —las dos mujeres asintieron con la cabeza—. Oriyan, solo nos quedan tres ejércitos en la zona, y aunque hemos adelantado el fin del adiestramiento de un millón de reclutas, buena parte de ellos se destinaran a Ikoma Tome. Utilizaras el 2.º y el 6.º ejércitos, mientras que el 8.º quedara en reserva en Kalinao. Parte de los transportes de tropas que ahora están en Ikoma Tome, vendrán aquí para este ataque. Pulqueria, solo tienes a tu disposición los grupos de batalla de Aurre y Muns, pero para la defensa de la órbita de Nar, trasladaremos provisionalmente un grupo de satélites Petara. Aun así, son fuerzas exiguas para la tarea que tenemos…
—¡Serán suficientes, mi señora! —la interrumpió Pulqueria mientras Oriyan asentía.
—Venceremos, mi señora, —intervino Oriyan—. Confíe en nosotras.
—Mi confianza en vosotras en absoluta, y eso es algo de lo que jamás debéis dudar, —y mirándolas añadió—: solo quiero que os deis cuenta de la magnitud del desastre, cuando la Confederación Gerede y los grupos estelares cercanos caigan, habremos perdido 12.186 sistemas, de los que 91 están habitados, y otros 397 tienen infraestructuras mineras o industriales. Más de 40.000 millones de ciudadanos se han visto afectados y de al menos un tercio, no tenemos noticias. Nosotros estamos para servir y para morir por ellos si es necesario, porque ellos son lo importante. ¿He hablado claros?
—¡Si, mi señora! —respondieron las dos al unísono.
—¿Pues entonces a que esperáis? ¡moved el culo! —las dos se levantaron y después de despedirse del presidente, el canciller y Marion, salieron de la habitación en el momento que Anahis entraba. Le entregó una tableta a Marisol y después beso a su padre en la calva—. Los bulban están en las proximidades de Orhon Mutsu 3 en la Confederación Gerede Mutsu.
—¿Era lo previsto, Marisol? —preguntó el presidente.
—Si, si, era lo previsto, señor presidente.
—¿Sigues cabreada conmigo?
—Si señor presidente, y mucho. Mi sitio está…
—Tu sitio está donde yo digo que esté, —la interrumpió con suavidad—. Que no se te olvide.
—Nunca se me olvida, señor presidente.



Cuatro días hacia que los bulban operaban en el tercer planeta del sistema Orhon, y las fuerzas federales habían completado la evacuaron total de la población. Opx replegaba sus tropas hacia las zonas de embarque permanentemente protegidas por naves ligeras federales.
—Estás muy tenso, tienes las cervicales hechas una mierda, —le dijo el capitán Leinex masajeándole la nuca.
—Sí, las tengo tan cargadas que incluso me duele la cabeza, —respondió Opx acariciándole la mano.
—Le voy a decir al médico que te de algo…
—¡No me jodas Leinex…!
—En primer lugar, sabes que me encanta joderte…, y que me jodas, —le interrumpió— y en segundo lugar, todos dependemos de que tú estés en condiciones para darles a estos hijos de puta una buena patada en los huevos.
—Si mi amor, pero un dolorcillo no me lo va a impedir, —medio protesto Opx viendo como Leinex hacia una señal al médico para que se acercara.
—Tenga cuidado doctor, el general está hoy que muerde —dijo Leinex cuando se acercó, lo que provocó que sonriera.
—Mi general, un correo urgente del sector norte, —dijo un oficial entregándole una tableta. Opx comenzó a leerla mientras el médico le inyectaba algo en el cuello con un hypospray.
—Gracias doctor, —y dirigiéndose a Leinex ordeno—: que las divisiones 146 y 203 pasen a reforzar el sector norte.



Cinco días después, el grupo de fragatas federales, hasta ese momento poco activas, entraron a la órbita atacando al grueso de la flota enemiga. En la superficie, los cazabombarderos y lanzaderas, comenzaron un bombardeo masivo a todo lo largo de la línea de frente de las vanguardias bulban, mientras las divisiones que quedaban embarcaban en los transportes. Doce horas después, las fuerzas federales abandonaban definitivamente todos los sistemas de la Confederación Gerede.



—Siempre que te pierdo en la cama, es porque estás preocupada y te encuentro aquí, —Anahis, con el tenue resplandor de las lunas de Mandoria reflejándose en su cuerpo desnudo, se aproximó a Marisol, sacándola de la abstracción en que se encontraba. Se sentó a su lado en el pequeño jardín anexo a la habitación que compartían en el Palacio Real y la paso el brazo por los hombros—. ¿Cómo estás?
—¡Jodida! No me hago a la idea de no ver más a Clinio, tan serio, tan estoico. Ni a Ghalt. ¡Joder nena! Los dos me salvaron la vida en Faralia cuándo ese hijo de puta, ¿cómo se llamaba el regente de la república…? Si, el príncipe Mohs, me quiso asesinar.
—Pues te tienes que hacer a la idea por muy duro que sea mi general.
—¿Mi general? —Marisol la miró con extrañeza.
—Si mi general, porque todos tienen de ti la imagen de la líder dura, que va por ahí cortando cabezas y esa es la imagen que tienes que dar por duro que sea. Como me gustaría que te vieran de verdad como te veo yo y como te veía él: frágil, sensible y humana.
—¡Coño mi amor! Yo no soy frágil, —y los ojos se llenaron de lágrimas mientras Anahis la abrazaba y con la cola la acariciaba las piernas. Después, con los pulgares limpio sus lágrimas y la beso en la boca.
—Ven mi amor, vamos a la cama, —se levantaron y cogidas por la cintura entraron en el dormitorio donde las dos se amaron hasta que las primeras luces del alba rasgaron las tinieblas de la noche.

En Ikoma Tome se había concentrando todas las fuerzas supervivientes del desastre de Trumzely Prime, junto con el ejército de Opx y 32 divisiones de reclutas llegadas apresuradamente. En cuanto a la flota, se habían podido reparar medianamente gran parte de las fragatas y corbetas dañadas durante el desastre, gracias a los grupos de ingenieros que llegaron de refuerzo. Como estaba previsto, parte de la flota de transporte, una vez completado el repliegue a Ikoma Tome, se dirigieron a toda maquina, y repletas de heridos, a Kalinao, donde Pulqueria y la general Oriyan las esperaban.
Todo estaba preparado para el segundo acto: en pocos días, los bulban atacarían Ikoma Tome y las fuerzas federales, caerían sobre Beegis y Nar. De nuevo, millones de soldados se enfrentarían sin cuartel, escribiendo una página más de está terrible guerra.

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