miércoles, 31 de mayo de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 29)



Mientras Opx se hacía fuerte en Ikoma Tome, en el sector 25, la actividad era febril en Kalinao. Con los reclutas se había formado tres nuevos ejércitos, el 9.º y el 10.º se destinaron a las ordenes de Opx, mientras 11.º se encuadraba en el ejército de Oriyam en Kalinao.
El Fénix, se había aproximado sigilosamente a Beegis acompañado por una de las naves de bombardeo que portaban los Delta, un transporte de tropas bulban adaptado para tal fin y bautizada como Alborán. Resguardados de la acción de los escáneres enemigos por una de las lunas del planeta, aguardaba el momento del ataque.
—¿Siguen sin detectarnos? ­—preguntó Marisol.
—Afirmativo mi señora.
—La flota y el ejército están preparados en los puntos de partida.
—Entonces no esperemos más, —afirmó Marisol— activen sistemas y fijen blancos conforme al plan previsto. Altitud de detonación trescientos metros.
Las compuertas del bombardero comenzaron a abrirse dejando al descubierto los nichos de lanzamiento de los Delta.
—Sistema activado. Primera oleada preparada.
—Blancos fijados.
—Se requiere código para liberar el mecanismo de disparo.
—Martín, general, comandante en jefe, España, Anahis, 131313.
—Mecanismo liberado, —dijo Marión desde su consola.
Marisol se inclinó sobre la consola y acciono personalmente el mecanismo de disparo. Los cien Deltas, con seis cabezas de cinco megatones cada una, partieron.
—Deltas en rumbo fijado.
—Siguen sin detectarnos.
—Preparen segunda oleada, —ordenó Marisol.
—Deltas entrando en la atmosfera.
—Segunda oleada preparada.
—Las cabezas se han activado.
—Primeras detonaciones en veinte segundos.
Al término de esos segundos, enormes hongos atómicos comenzaron a elevarse sobre las zonas de detonación. Desde su posición, los tripulantes de la Fénix veían como las terribles explosiones distorsionaban la atmosfera arrastrado a las nubes como olas gigantescas.
—Recogemos 594 detonaciones, seis han fallado y se han autodestruido.
—Segunda oleada lista para el disparo, —Marisol se inclinó nuevamente sobre la consola de Marión, pero esta, cogiéndola de la mano, la detuvo y ella misma accionó el disparador. Otros cincuenta misiles Delta partieron hacia Beegis y unos minutos después hicieron blanco, mientras Marisol, apretaba el hombro de su amiga.
—General, todas las cabezas de la segunda oleada han detonado sobre sus objetivos.
—Los sensores no detectan nada vivo en el planeta, —informó Anahis operando en su consola— la destrucción es total, incluso han caído las estructuras. Todo el hemisferio norte ha quedado contaminado… y buena parte del sur.
—Mi señora, —dijo el recientemente ascendido coronel Hirell— se detectan movimientos de la flota enemiga en Nar. La mitad de las naves se dirigen hacia aquí.
—Capitán, rumbo a 293443, —ordenó Marisol comunicando con el puente de mando. El Fénix, el Alborán y las naves de escolta, se situaron en las nuevas coordenadas, simulando que iban a atacar a uno de los planetoides del sistema donde había una estación de comunicaciones. La flota enemiga vario rumbo para interceptarlos con un rumbo directo, tal y como Marisol había previsto.
—El rumbo de las naves enemigas es idóneo: van a entrar de lleno en el campo de minas, —dijo Marión con una sonrisa. Las minas era el nuevo dispositivo desarrollado por los ingenieros de Rulas 3 a instancia de Marisol. Indetectables para los sensores enemigos por su tamaño, estaban diseñadas para quedar atrapadas con mecanismos magnéticos entre las agujas de defensa de las fragatas bulban y estallar con un retardo de tres minutos, y con una potencia de medio megatón. Doscientas de ellas, habían sido colocadas por naves auxiliares a mitad de camino entre Nar y Beegis.
—Un minuto para entrar en el campo de minas…, no varían rumbo…, no las han detectado, —informó Hirell con una amplia sonrisa.
El enemigo atravesó el campo limpiándolo de minas, solo unas pocas quedaron sin atrapar. Pasado el tiempo de retardo, comenzaron las primeras detonaciones que reventaban a las naves enemigas. Estás, sin saber ni quien ni como las atacaban, empezaron a maniobrar en un intento vano de escapar al ataque. Tres minutos después, la flota enemiga estaba destruida.
—Marión, activa la autodestrucción de las minas que no han estallado, no quiero que caigan en manos del enemigo, —ordenó Marisol y activando el comunicador con el puente, añadió—: capitán, rumbo a Nar por la ruta prefijada.
La flotilla de la Fénix llegó a Nar dando un amplio rodeo. Cuando lo hizo, Pulqueria había dado cuenta de las fragatas enemigas y controlaba totalmente la orbita del planeta. Oriyan, tenía sus fuerzas desplegadas en la superficie en tres zonas de desembarco, triangulando y embolsando a las fuerzas enemigas en un área de más de 50.000 km2. Vista la situación, Marisol se reunió por video enlace con sus dos jefes militares.
—Habéis hecho un gran trabajo, —las felicito.
—No nos esperaban tan rápido, —argumentó Pulqueria— y con la salida de sus naves rumbo a Beegis, se quedaron sin naves suficientes para adoptar su formación de defensa. Ha sido fácil y no hemos perdido ninguna nave.
—En tierra tampoco nos esperaban y hemos desembarcado sin oposición, —dijo Oriyan.
—Enhorabuena a las dos. Bien, no quiero una batalla larga y sangrienta, necesitamos tiempo para instalar las defensas planetarias y no podemos permitirnos perder más tropas. Oriyan, mantendrás embolsadas a las fuerzas enemigas mientras les machacamos con la artillería naval. Efectuaras ataques directos a los campos de concentración, liberaras a los civiles retenidos y los sacaremos en los transportes.
—De acuerdo mi señora, —dijo Oriyan asintiendo con la cabeza.
—¡Oriyan está de acuerdo conmigo! —bromeó Marisol provocando la risa de Pulqueria—. Me va a dar algo.
—Situaré las fragatas en órbita para poder responder rápidamente a un posible ataque de las naves enemigas, —expuso Pulqueria que para nada aparentaba los casi 18 años que tenía— y las corbetas y patrulleras lo harán desde la atmosfera.
—Tenemos ya localizados nueve campos de concentración y comenzaremos su liberación de inmediato, —afirmó Oriyan— y normalmente estoy de acuerdo contigo… mi señora.
—¿Sabes qué? —preguntó Marisol mirándola con una sonrisa— necesitas echar un polvo urgente…, muy urgente…, o unos cuantos, pero muy urgentes, —Pulqueria se partía de la risa.
—¡Pulqui! No te rías ¡joder! —la recriminó Oriyan roja como un tomate, y mirando a Marisol añadió—: ¡y si follo!
—Pues claramente lo haces poco, folla más, es una orden.
—¡No puedes darme esa orden! —rugió Oriyan.
—No, pero acabo de descubrir que me encanta hacerte de rabiar, —y Marisol soltó una carcajada acompañada por Pulqueria.


Cumpliendo las ordenes de Marisol, Oriyan, utilizando fuerzas aerotransportadas, atacó los campos de concentración donde se hacinaban en condiciones terribles cientos de miles, si no millones, de presos. En uno de ellos, se encontró una planta procesadora que utilizaba cadáveres humanos, ganado y animales de todo tipo, en la fabricación de proteínas para consumo bulban. Ante tal horror, acompañada por Marión y Anahis, Marisol bajo al campo de concentración donde la esperaba Oriyan.
—Os aviso de que lo que vais a ver os quitara el sueño, —advirtió la general al pie de la escalerilla.
Espantada, visitó las instalaciones de la fábrica aguantando el tipo a duras penas. El hedor era terrible, casi insoportable, pero Marisol consoló a los supervivientes y comprobó las terribles condiciones de reclusión que padecían.
—Mi señora, —dijo el coronel al mando de la liberación del campo— los mataban degollándolos. Calculamos que hay unos cuarenta mil cadáveres y restos animales el doble. Están mezclados e identificarlos es casi imposible.
—Desgraciadamente no podemos perder el tiempo: agrúpelos y entiérrelos en fosas comunes lejos de las fosas de los bulban. No quiero que de está fabrica quede nada en pie: vuélelo todo.
—A la orden mi señora.
Marisol siguió visitando el resto del campo, dando ánimos a los rescatados que la llamaban por su nombre, no como general. Anahis a su lado era incapaz de reprimir las lágrimas que enjugaba con un pañuelo perenne en su mano, mientras Marión a su lado, intentaba reprimir las suyas.
—¿Cuántos campos quedan por liberar? —preguntó Marisol a Oriyan cuando por fin estuvieron a solas las cuatro mujeres.
—Dos. Mañana estarán liberados.
—Cuando lo estén, sangre y fuego, y sin contemplaciones. Coordínate con Pulqueria para intensificar los bombardeos.
—Hay dos núcleos de civiles bulban…
—¡He dicho sin contemplaciones! —cortó tajante Marisol—. Ningún bulban va a salir vivo de Nar.
—Entendido mi señora, a la orden: se hará cómo dices.


Desde su camarote en la Fénix, Marisol comunicó por video enlace con el presidente Fiakro, mientras sobre la cama, Anahis lloraba sin parar.
—¿Ha podido ver los informes que le he enviado, señor presidente?
—Si Marisol, los he visto, y todavía estoy espantado. ¿Cómo se puede llegar a ese grado de salvajismo? ¡Es inconcebible!
—Porque para ellos no somos nada, no somos seres humanos, somos animales de consumo, somos ganado. No les importa nada nuestra cultura, nuestro arte lo desprecian. Ahora comprendo perfectamente lo que la Princesa Súm dijo en el mensaje: “una guerra que necesariamente será genocida”. Señor presidente, quiero que los bulban comiencen a comprender que esto no les va a salir gratis…
—¿No crees que si nos comportamos como ellos, terminaremos siendo como ellos? —la interrumpió el presidente.
—Es posible señor presidente, pero no veo más opción, y reconozco que es fruto de mi odio. Ellos son los que han rebasado la línea, no nosotros. Está guerra nos va a cambiar a todos, nada será igual en el futuro.
—El futuro…
—El futuro es suyo señor presidente, usted es la conciencia que nos llevara de nuevo al camino correcto. Cuando todo este horror termine, yo volveré a España con mi amor…, o nos quedaremos en Mandoria, como ella quiera, y me olvidaré de guerras, batallas, ejércitos, muertes, y no sé cuantas cosas horribles más. Déjeme hacer mi trabajo, el sucio: a mí no me importa ensuciarme las manos.
—Te entiendo perfectamente Marisol, pero me asusta que mi alma se oscurezca.
—Manténgase al margen.
—¡No puedo! Ni puedo, ni debo. No voy a dejarte sola mientras miró a otro lado como un cobarde. Siempre te apoyaré, y en esto también. Haz lo que creas necesario, sea lo que sea.
—Gracias señor presidente.

Terminada la comunicación con el presidente, Marisol se desnudó y se tumbó al lado de Anahis, que ya se había tranquilizado, pegándose a su espalda. Desde atrás, la abrazó y besuqueo el cuello.
—Prométeme que jamás olvidaran en su asquerosa memoria racial las consecuencias de lo que han hecho, —dijo Anahis besándola la mano.
—Te lo prometo mi amor.
Anahis se dio la vuelta y paso su pierna izquierda y la cola por encima de ella. Besó sus labios, pero al cabo de unos segundos, desistió.
—Lo siento mi amor, pero no puedo, —se disculpó comenzando de nuevo a sollozar—. No se me va de la cabeza todo ese montón de cadáveres desnudos y decapitados, y… tantos niños.
Marisol la consoló mientras la abrazaba y suavemente la acariciaba el cabello— Tranquila, no pasa nada. Intenta dormir, yo espantaré los malos sueños.


Al día siguiente, a última hora, Oriyan informó a Marisol de que los dos últimos campos de concentración estaban liberados y que los prisioneros habían empezado a salir del planeta. Desde ese momento, la operación fue sistemática, las zonas devastadas por la artillería naval, eran ocupadas por la infantería que culminaba la labor aplastando cualquier tipo de resistencia. Dos días después, la labor había finalizado, y se excavaron cientos de enormes zanjas donde con la ayuda de escavadoras se sepultaron más de tres millones de soldados y civiles bulban.
Los trabajos de fortificación del planeta comenzaron de inmediato. En la superficie se instaló artillería de defensa planetaria y en la orbita se estacionaron lanzadores Topol portadores de los Delta. Una pequeña flota bulban intentó un ataque contra la flota en Nar, pero Pulqueria se encargó de destruirla en una batalla que no tuvo mucha historia.
—Ha quedado claro de que el enemigo tiene desplazada la mayor parte de su flota, y de su infantería posiblemente también, al sector 25, —argumento Pulqueria cuando en el Fénix se reunieron los jefes militares.
—Si, pero por su portal no dejan de entrar naves, —dijo Marisol señalando sobre un mapa holográfico el punto donde estaba el portal— en poco tiempo se habrán recuperado.
—Si Opx logra parar al enemigo en el sector 25, —argumentó Marión— les puede obligar a mandar refuerzos a ese sector.
—Y a nosotros también, —intervino Oriyan—. No se si es buena idea combatir en dos frentes.
— Efectivamente no es buena idea: Oriyan tiene razón, —afirmó Marisol— pero no ha sido una idea nuestra, ellos tienen la iniciativa en estos momentos.
—Y no podemos reponer naves tan rápido como ellos, —dijo Pulqueria— hasta dentro de dos meses no recibiremos veinte naves nuevas.
—Ellos no esperan un ataque contra el portal, ¿y si lo atacamos? —preguntó Oriyan.
—Eso está descartado, —dijo Marisol negando con la cabeza— permanentemente tienen más de mil naves en torno al portal. Ni siquiera han reducido el número para ayudar a sus fuerzas en Nar.
—Podríamos traer la flota del Ares, desde Magallanes, —propuso Marión— aunque sea temporalmente.
—No, eso también está descartado.
—Entonces es cuestión de tiempo que intenten recuperar Nar…
—Y que machaquen a Opx y Loewen en el 25.
—Así es, es cuestión de tiempo, —Marisol seguía mirando el mapa— y la verdad, es que no veo solución por este lado, —el silencio se hizo espeso, era la primera vez que Marisol no tenía soluciones, o eso parecía—. Vamos a intensificar las operaciones en Magallanes.
 —¿En Magallanes? —preguntó Pulqueria mientras Sarita activaba el mapa de la galaxia de origen bulban.
—Si en Magallanes, si les obligamos a mantener naves allí, son menos que vendrán aquí.
—Pero sin saber donde está el emisor del portal, es como dar palos de ciego, —afirmó Oriyan.
—Yo se perfectamente donde está el emisor del portal, —dijo Marisol con una sonrisa picara— pero primero vamos a hacer otra cosa. Ya es hora de que empiecen a pagar las consecuencias de su barbarie.


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