miércoles, 19 de julio de 2017

Desafío de galaxias (capitulo 43)




Hace un mes que se cerró el portal y la situación en la zona del Ares comenzaba a estar muy difícil. La flota bulban presente en las inmediaciones, presionaba toda la zona de demarcación mientras las fuerzas federales se protegían detrás de los sistemas de defensa Petara y de los enormes campos de minas que rodeaban la zona federal. Para impedir una ofensiva total, a la espera de la llegada de la flota de Bertil, el general Esteban realizaba ataques a las zonas de retaguardia bulban con los dos bombarderos que poseía. Utilizando vórtices, aparecía en sus áreas de estacionamiento, efectuaba ataques masivos con misiles Delta y huía rápidamente abriendo otro. Esteban estaba dispuesto a mantener sus posiciones, hasta que Bertil regresara con su flota, lo que ocurrirá en diez días. Después, no quedara tiempo para mucho más, el grueso de la flota enemiga, más de diez mil naves, llegaba tras ellos como un enjambre enfurecido.
La llegada de refugiados kedar había finalizado: era absolutamente imposible para sus naves atravesar el perímetro de control bulban. Aun así, se realizaban operaciones puntuales de rescate tras las líneas enemigas cuándo había ocasión, pero cada vez era más complicado.
Ante la situación que se prevé con la evacuación, al límite, de las fuerzas federales en Magallanes, Marisol, tenia ultimado un operativo para prestarles asistencia, que incluía el reforzamiento de las defensas en el interior del silo del portal, en Telesi 2.



Los preparativos para la ofensiva contra Trumzely Prime estaban muy avanzados y en menos de una semana se iban a poner en marcha. Marisol estaba intranquila y preocupada, no le gustaba está calma que exhibía el enemigo y así se lo ha transmitió a sus colaboradores, que conocedores de su intuición, estaban con la mosca detrás de la oreja. Para analizar la situación, Marisol convocó una reunión del Estado Mayor en el Cuartel General en Mandoria, aprovechando que el presidente estaba en el planeta de visita oficial. Durante buena parte de la reunión, los jefes militares del ejército y la flota, presentaron informes de situación en sus zonas respectivas, Anahis, informó sobre la situación en Magallanes y el estado de los trabajos de reasentamiento del Sector 73, y Marión hizo un resumen general del estado de las nuevas unidades de infantería que se estaban formando, y de los trabajos en los astilleros y los plazos de entrega de las nuevas naves. Ante la expectación de todos, Marisol se levantó y pensativa se aproximó al mapa holográfico que Sarita había activado a una señal suya.
—Resumiendo, la realidad es que solo tenemos actividad enemiga en el Sector 25, en los alrededores de Sigma Trumzely 5 y sus «posibles» zonas de retaguardia en el sistema Töv, —Marisol se ayudaba de un puntero láser para apoyar sus palabras sobre el mapa desplegando archivos—. En cuanto al Sector 26, la calma es total, es la primera vez, desde el comienzo de la guerra, que no hay actividad enemiga en torno a Beegis-Nar.
—Perdona general, —intervino el presidente— creo que me he perdido, ¿por qué te has referido a la retaguardia del sistema Töv como «posible»?
—Recuerde que durante la ofensiva enemiga contra el Sector 25 y el Grupo Estelar de Trumzely Prime, nosotros atacamos con cohetes nucleares ese sistema, lo devastamos y contaminamos la zona. No pueden tener bases de suministros en ese sistema, pero al parecer los tienen.
—¿Crees que es una estratagema? —preguntó Pulqueria mirándola con extrañeza.
—Tenemos confirmada la presencia masiva de infantería y naves de guerra en torno a Sigma Trumzely, y ciertamente disponen de áreas de retaguardia que tenemos identificadas. La pregunta es: ¿por qué han añadido, posiblemente de manera ficticia, otra gran zona de retaguardia?
—Quieren hacernos creer, que sus fuerzas son mayores con vistas a un contraataque contra Gerede, —intentaba razonar Oriyan.
—Es factible, pero me inclino a pensar que lo que quieren es asustarnos. En mi opinión, no quieren que ataquemos, lo que quieren es que amontonemos recursos entre Ikoma Tome y Gerede, recursos que necesariamente tendríamos que desplazar desde… Kalinao. Lo que no saben, es que eso no va a ocurrir, porque desde hace unas semanas, las dos flotas son independientes. ¿Entonces que pretenden? En mi opinión quieren que debilitemos nuestro dispositivo en el Sector 26. ¿Con qué fin? Atacar por otro lugar. Ahora bien, ¿por dónde? —Marisol comenzó a pasar páginas holográficas— veo dos posibilidades: la primera, desde el sistema Jairo, y la segunda, hacia Nar y Kalinao.
—Pero el sistema Jairo, es la antesala por ese lado del Páramo Tenebroso, —apuntó Loewen.
—Así es, pero al otro lado hay una entrada poco utilizada a Evangelium.
—Pero son treinta y ocho años luz de extensión, y…
­—¿Qué es el Páramo Tenebroso? —preguntó el canciller de Mandoria.
—Una extensión de treinta y ocho años luz, donde no hay nada, —respondió Marisol— y cuándo digo nada, es nada. No hay sistemas, ni estrellas, ni planetas, en fin, nada de nada. Nuestros equipos de navegación tienen enormes problemas para orientarse, y son mucho más sofisticados que los bulban. Me cuesta trabajo imaginar, a miles de naves enemigas atravesando el Páramo Tenebroso.
—A mí también, pero no podemos descartarlo, —dijo Pulqueria.
—Recordad, que los bulban, hace mil años, viajaron entre dos galaxias en unas condiciones muy similares. He ordenado instalar sensores de largo alcance en nuestro lado del Páramo. En caso de actividad enemiga, podemos desplazar unidades desde Ikoma Tome, pero tardarían en llegar, —Loewen y Opx asintieron—. Nos queda Nar y Kalinao.
—Me cuesta trabajo creer que el enemigo intente otra vez atacar Nar, —intervino el general Torres—. Ese planeta es nuestro bastión en el Sector 26, y está más fortificado que Ikoma Tome.
—Perderían una cantidad de fuerzas exagerada, —añadió el general Taxins— y con el grifo cerrado, ya no están para derrocharlas.
Marisol asistía en silencio al debate suscitado por sus colaboradores donde casi todos participaron y estuvieron de acuerdo de que no tendrían problemas para parar una ofensiva contra Nar.
—Estás muy callada Marisol, —dijo el presidente.
—Señor presidente, para mí, la opinión de mis colaboradores es muy valiosa, —Marisol seguía de pie junto al mapa holográfico, lo miró, y preguntó—: ¿y si el ataque se produce por otro lado?
—¡Eso no es posible nena! —exclamó Opx levantándose y aproximándose al mapa para estudiarlo detenidamente—. Tienen que intentar acceder a Evangelium sí, o sí, y para eso tienen que pasar por Nar y Kalinao.
—No necesariamente.
—Venga Marisol, no pueden dejar su retaguardia al alcance de un bastión así.
—Si lo pueden hacer si toman Kalinao, —afirmó Marisol señalándolo con el puntero—. En ese caso, seria Nar quien tendría un bastión enemigo en su retaguardia, y quedarían aislados y bloqueados.
—¡Mira nena! hace falta una mente muy brillante para diseñar una estrategia como esa, —dijo Opx con vehemencia— y los bulban no dan mucho de si.
—¡No voy a permitir que se subestime al enemigo! —exclamó Marisol levantando la voz y mirando a todos. Después, se giró hacia Opx y añadió—: y a ti menos, porque nunca lo has hecho: no empieces ahora.
—Mi señora, no los subestimo, pero es que una operación así no está al alcance de cualquiera, ¿cuántos de los que estamos aquí podrían diseñar algo así? 
—Cualquiera de mis cuatro jefes militares.
—¡No! —intervino por fin Oriyan—. Para eso hace falta alguien brillante, valiente y que además este mal de la cabeza, y yo, con esas características, solo conozco a uno mi señora: tú.
—Para decir tonterías podías haber seguido calladita.
—No son tonterías, yo opino igual, —añadió Opx.
—¡Bueno, se acabó! Vale ya de hacerme la pelota y dejadme argumentar, —exclamó Marisol con el ceño fruncido—. Tenemos constancia de concentraciones enemigas significativas a treinta años luz de Nar, y sabéis que eso no es excepcional, más o menos, siempre han estado allí. Lo excepcional es que no tengan fuerzas entre ese punto y Nar. No las tienen, o no las vemos, —Marisol pasó un par de páginas holográficas—. Nunca hemos sabido con certeza que hacen los bulban en el Mar Angosto…
—¿Qué es el Mar Angosto? —preguntó el canciller de Mandoria.
—Es una zona que se formó, de manera natural, cuándo se instalaron los estabilizadores en el antiguo Sector Oscuro, —contestó Anahis a su padre— según se iban instalando y activando, las fuerzas físicas desbocadas que imperaban en el sector se fueron concentrando en ese punto, no está claro porque, y atrajo a un montón de restos de todo tipo, escombros, asteroides, restos de planetoides, incluso los restos de la batalla de Manixa terminaron allí.
—¿Manixa?, ¿qué batalla es esa? —preguntó la canciller Aunie que asistía como observadora en representación de los kedar.
—Hace cuatrocientos años, Matilda, con la ayuda de la Princesa Súm, lidero la mayor flota de guerra de la historia de la galaxia, —informo Anahis—. Más de mil quinientas naves federales y aliadas, se enfrentaron en Manixa a casi cuatro mil naves corsarias. Hasta la invasión bulban, fue la última batalla de la historia, y el comienzo de un periodo de paz que a durado cuatrocientos años.
—Sí, Manixa está muy próximo al Mar Angosto, y gran cantidad de escombros y naves destruidas terminaron allí, —añadió Taxins—. Desde que los bulban llegaron a la zona, han operado en su interior, ¿cómo?, no tenemos ni idea, pero lo cierto es que nuestras naves no pueden operar allí y las suyas sí, y los escáneres no la penetran.
—Y el Mar Angosto está seis años luz de Nar y a dieciséis de Kalinao, —continuo Marisol—. Siempre hemos pensado, que buscaban restos de tecnología entre los escombros de las naves destruidas en Manixa, pero ¿y si lo que tienen allí es una base oculta?
—Pero Marisol, no hay certeza de eso, —dijo Loewen.
—Ni de lo otro.
—Aun así, los bulban son metódicos en su estrategia, —afirmó Pulqueria— no dan un paso sin dar antes otro previo. Si quieren Kalinao, tienen que ir primero a Nar. Incluso nosotros actuamos así.
—No siempre, recuerda que mientras ellos atacaban Ikoma Tome, nosotros atacamos a su retaguardia en el sistema Töv, a un montón de años luz de distancia.
—Vale nena, —Opx volvió a aproximarse al mapa holográfico— si tienen fuerzas ocultas en ese punto estamos jodidos y mucho: tienen al alcance Nar, Kalinao y todo lo que les salga de la punta de la polla, pero ¿en que te basas, que pruebas tienes?
—No tengo pruebas, —reconoció Marisol— solo es… intuición.
Opx la miró serio unos segundos mientras los demás guardaban silencio—. Muy bien mi señora, si tú dices que es así, pues de acuerdo, solo quiero saber cuales son las ordenes.
—¡Joder tío! No estoy dando ninguna orden, estoy planteando una hipótesis basada en mi intuición, y quiero saber vuestra opinión.
Entonces comenzó un encendido debate en el que todos opinaron, analizando detallando todo lo expuesto. Los únicos que no intervinieron fueron el presidente y los cancilleres. Al final quedó de manifiesto que la postura de Marisol estaba en total minoría.
—Bien señores, —intervino el presidente— hace rato que no se aporta nada nuevo al debate, pero antes de tomar una decisión definitiva, me gustaría conocer la opinión de la general Oriyan, que casi no ha intervenido.
—A mí me da igual lo que se diga aquí, —comenzó a hablar Oriyan— en estos años he aprendido a confiar ciegamente en las intuiciones de mi señora, y si ella dice que vienen desde el Mar Angosto hacia Kalinao, yo no necesito saber más.
—Gracias general Oriyan, —dijo el presidente—. Anahis, tú tampoco has hablado.
—Yo no soy un militar de estrategia, soy una oficinista y mi opinión no es pertinente.
—Pero yo quiero conocerla, —insistió el presidente—. Además, que yo sepa, las oficinistas no cortan cabezas enemigas.
—Yo siempre estaré a las ordenes de Marisol, —afirmó Anahis molesta, no quería dar su opinión en este debate— pero… sinceramente, me resulta difícil creer que sean capaces de desarrollar una operación tan elaborada.
—Ya lo han hecho Anahis, —dijo Marisol sonriéndola. No quería provocar un conflicto entre ellas— la ofensiva contra Trumzely Prime, Gerede e Ikoma Tome demuestran una elaboración muy compleja a todos los niveles.
—Pero se apoyaron en el factor sorpresa.
—Y ahora también. Evolucionan, se adaptan y aprenden.
—Marisol, es hora de que tomes una decisión, —dijo el presidente zanjando el debate.
—No voy a tomar una decisión contraria a la opinión mayoritaria de mi Estado Mayor, —Marisol permanecía dándoles la espalda, de cara al mapa—. Oriyan, Pulqueria, quiero que comencéis a desarrollar los planes de batalla para la defensa de Nar y las líneas de comunicaciones y aprovisionamiento con Kalinao. Loewen, Opx, mantendréis las posiciones en Gerede, atentos a cualquier posible ataque enemigo.
—¿Y si el ataque es en Kalinao? —preguntó el canciller de Mandoria.
—Solo podemos intentar aguantar con los recursos propios del planeta. En dos semanas, el ejército y la flota de Bertil habrán cruzado el corredor y estarán aquí. Con nuestras fuerzas copadas en Nar, todas nuestras opciones pasan por ellos.
—Muy bien señores, la decisión está tomada, —dijo el presidente. Estaba claro que la decisión adoptada no le gustaba, al igual que Oriyan, había aprendido a confiar en las intuiciones de Marisol, pero comprendía su decisión de no enfrentarse con su Estado Mayor—. Solo quiero decirles algo, que he repetido incansablemente desde que esa niña, —señalo a Marisol— entró un día, hace ya seis años, con cara asustada en mi despacho: estamos aquí gracias a ella y su intuición, —levantó la mano parando la protesta de Marisol— y no comprendo como es posible que a estás alturas, precisamente ustedes tengan dudas. Pero como ya he dicho, la decisión está tomada y yo siempre estaré al lado de mi comandante en jefe. Espero, sinceramente, que ella este equivocada, porque si no es así, y el enemigo se hace con Evangelium, habremos tirado por la borda todo el trabajo, el esfuerzo y el sufrimiento de estos últimos años. ¡Señores, se levanta la sesión! Marisol, te espero en el despacho del canciller en diez minutos.



Seria y apesadumbrada, Marisol entró en el despacho del canciller, donde este, Aunie y el presidente la esperaban.
—Con el debido respeto señor presidente, ha sido usted muy injusto con ellos, —le soltó sin preámbulos y cerrando la puerta.
—¡Mira Marisol, no me toques las narices!
—No es mi intención señor presidente, pero…
—¡No me jodas! Todos esos, están donde están gracias a ti. Deberían besar por donde tú pisas, y en lugar de eso te traicionan.
—¡No, no, no! son colaboradores que tienen un criterio propio.
—¡Una mierda! tienen un criterio de mierda.
—¡Señor presidente…!
—¡Vamos a ver si os tranquilizáis los dos! —intervino el canciller levantando la voz y dando un golpe seco en la mesa, que hizo asustarse a Aunie—. Liarnos a voces no va a solucionar el problema.
—Gracias querido amigo, ya sabes que en ocasiones me disparo, —dijo Fiakro abrazando a Marisol— pero es que es tan… tan injusto.
—A mí también me lo parece, —dijo el canciller—. La cuestión es: como lo solucionamos.
—Ya no hay solución, la decisión está tomada y las ordenes cursadas, —afirmó el presidente.
—Por el portal tienen que llegar los quinientos mil soldados de la infantería aliada, —razonó Aunie interviniendo en la discusión aportando sosiego— más otros trescientos mil reclutas kedar que se están entrenando en el Sector 73 para incorporarse al ejército federal. En estás dos semanas, puedo aumentar el número de reclutas, incluso doblarlo. También tiene que regresar la flota, que aunque tiene pocas unidades navales mayores, es muy poderosa por el gran número de patrulleras de batalla que tiene, más de trescientas. Con estás cifras, tenemos un tercer ejército y una tercera flota, totalmente operativos y al mando de personas con experiencia, como son Bertil y el general Esteban. Yo también soy de la opinión del presidente, y estoy convencida de que Esteban y Bertil se hubieran puesto de su lado, pero ahora eso es lo de menos, —y mirando a Marisol, añadió—: además de defenderlos, que supongo que es tu obligación, ponte a trabajar para ver que hacemos con tu nuevo ejército.
—¡Secundo la propuesta! —dijo el canciller de Mandoria mirando a Marisol con cariño—. Y luego voy a tener que decirle un par de cosas a esa hija mía.
—¡No va a hacer nada de eso señor canciller! —soltó Marisol tajante—. Anahis no es una muñequita a la que se le da cuerda: tiene sus propios criterios.
—Querido amigo, aunque sea tu hija, no te metas en ese terrero que te vas a pinchar.
Marisol se aproximó al mapa y lo activo. Estuvo pasando páginas durante un par de minutos mientras los demás aguardaban en silencio.
—No podemos hacer mucho. Si el ataque es sobre Kalinao, la iniciativa la tienen ellos, y si cae, entonces la sartén la tienen por el mango. En ese caso, las fuerzas de Esteban y Bertil viajaran por Evangelium directos a la salida de Kalinao. Si el ataque es sobre Nar, entonces tendremos más opciones. Todo esto, si el ataque se produce antes de la retirada de Magallanes, si lo hacen después, tendríamos esas fuerzas desplegadas en torno a Kalinao.
—¿Sabes que? —dijo el presidente— este asunto me ha dado mala espina desde el principio, y sospecho que la suerte no nos va a acompañar. Si las cosas van mal es necesario mantener la calma Marisol; te sujetaras los voltios y te mantendrás a distancia, porque tú eres quien va a solucionar el desastre.
­—Lo intentaré señor presidente.
—¡No! lo harás.

—¿Estás enfadada conmigo? —por fin las dos estaba a solas en su dormitorio del Cuartel General. Anahis acababa de llegar y encontró a Marisol, vestida solo con una camiseta grande, trabajando en la mesa con los terminales de datos y varias tabletas.
—¿Enfadada? No mi amor, —contestó levantando la vista de la pantalla— ¿Por qué iba a estarlo?
—¡Venga Marisol! No te he apoyado en…
—Anahis, tú no eres mi secretaria, eres un alto jefe militar con responsabilidades, y una de ellas es decir lo que piensas, —y mirándola con detenimiento, añadió—: ¿te ocurre algo? tienes mala cara.
—Estoy bien, pero he tenido una pelotera terrible con mi padre.
—¡Joder tía! Le dije que no te dijera nada, ¡coño!
—Ahora déjalo tu estar, no eres mi madre.
—Ni lo pretendo mi amor, si no, no podría hacer contigo las cosas que hago y que tanto me gustan, —se levantó de la mesa y sonriente abrazo a su amor besándola en los labios.
—¿En qué estás trabajando, quieres que te ayude?
—No, no, lo que quiero es que te vengas conmigo a la cama.
—Eso está hecho, pero déjame que me duche que estoy un poco guarra.
—De eso nada mi amor, así hueles más a ti.
—¡Uy que cochina!
—Si, lo soy, contigo lo soy, —Marisol la echó hacia atrás la guerrera quitándosela y se puso a dar tirones de la camisa.
—¡No seas burra! que me la vas a romper.
—Buena idea, —y haciendo fuerza, los botones salieron disparados en todas direcciones dejando al descubierto los preciosos pechos de Anahis, mientras esta daba un gritito.
—Me vas a coser tú los botones, —dijo riendo.
—Mejor se la mando a mi madre, que lo hace mejor, —y metió la cara en su canalillo aspirando—. ¡Qué bien hueles!
Se dejaron caer sobre la cama y se terminaron de desnudar. Ni siquiera salieron para cenar, se estuvieron amando hasta que el cansancio las rindió y abrazadas, se quedaron dormidas.



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